Las tradiciones culinarias suelen tejerse en colectivo: a través de recetas familiares, de redes de agricultores y productores, de chefs que entrenan a los nuevos cocineros. Sin dejar esto de lado, los restaurantes de autor apuestan por las interpretaciones más personales de cada uno de estos elementos. En estas cocinas, la comida cuenta historias singulares donde las técnicas y los ingredientes son un mapa de la vida, las experiencias y las creencias de los chefs. Hace menos de dos meses, el chef Manuel Sánchez Camarena abrió el restaurante Marta, el cual ya brilla por su alta cocina contemporánea con platos refinados y apapachadores inspirados por la hospitalidad de una madre mexicana y las técnicas precisas de la escuela francesa.


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Un homenaje familiar con precisión francesa
A pesar de ser cocina de autor, el chef Manuel Sánchez Camarena decidió bautizar su primer restaurante con el nombre de su madre. Y es que la médula espinal del lugar —y de la filosofía del chef— es esa hospitalidad hogareña, desenfadada pero precisa, que su madre le inculcó desde pequeño. La comida como una forma de consuelo y cercanía, incluso en los momentos más distantes. Por otro lado, también reluce la formación profesional del chef. Después de estudiar en Le Cordon Bleu México, trabajó para chefs de la talla de Mikel Alonso y Elena Reygadas, para posteriormente terminar de perfeccionar su técnica en cocinas privadas. Con solo 29 años, Sánchez Camarena abrió Marta a inicios de diciembre del 2025.


Elegancia atemporal en una casa de 1930 en la Cuauhtémoc
Al encanto de Marta se suma la ubicación del restaurante. Y es que el lugar se encuentra dentro de una casona de estilo neocolonial de la década de 1930, cuya intervención arquitectónica buscó preservar al máximo esa esencia cálida y hogareña, con un interiorismo más elegante y sofisticado. Además de que el espacio es amplio —lo cual significa que el lugar se presta bien para ir en grupo—, la atmósfera es una continuación de la propuesta gastronómica.


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Qué pedir en Marta
El menú de Marta no es demasiado largo, pero el chef suele visitar cada mesa para explicar cada uno de los platos antes de tomar la orden. Quisiéramos decir que esto hace la decisión más sencilla, pero en realidad es todo lo contrario. Cada plato combina técnica, intención y sensibilidad, y todos destacan ya sea por la historia que lo inspira o por la complejidad de los ingredientes y los procesos que conlleva. Nosotras empezamos con los ostiones con beurre blanc de hoja santa y caviar ossetra —un plato que combina lo mejor del Pacífico mexicano con influencias francesas— y el pulpo a la menta con salsa de chiles lactofermentados —una receta que nació por error y que resultó ser un gran éxito—.

Para el plato fuerte, pedimos el tournedó de berenjena con reducción de chocolate y miso —una receta vegetariana inspirada en la dieta de los monjes coreanos—, seguido por el hamachi salteado servido con risotto de azafrán, vainilla y elote tatemado —la pesca es estupenda, pero lo que destaca es el risotto, que sin ser llegar a ser dulce, coquetea con notas más melosas que complementan muy bien la proteína.

Terminamos con una tarta de pera, vino y naranja con crema de mascarpone y coriandro. Este es un postre balanceado y elegante que satisface muy bien el antojo dulce. Pero si prefieres los finales menos empalagosos, puedes optar por el bizcocho praliné de avellana con crema mousseline, uno de los favoritos del chef. Para acompañar, no dudes en pedirle al sommelier alguna recomendación de la cava, con etiquetas variadas y bien seleccionadas para maridar con cada plato.

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Dirección: Río Lerma 297, Cuauhtémoc
Teléfono: 55 7857 9567
Sitio Web: martarestaurante.com
