Cada rincón de nuestro país, hasta el más sinuoso guarda una leyenda que se ha impregnado en el colectivo pasando de generación en generación. Y una de las narrativas más sorprendentes es la que se cuenta a través de la Fortaleza de San Carlos, en Veracruz. Un castillo que resistió invasiones y guerras, pero también una tragedia amorosa que aún se susurra entre sus pasillos. Y aquí te contamos un pedacito de su historia.


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Fortaleza de San Carlos, un castillo del siglo XVIII
Primero que nada tienes que saber que la Fortaleza de San Carlos se ubica en las colinas del municipio de Perote, en Veracruz, muy cerca del Cofre de Perote, un volcán apagado. También se le conoce como el Castillo de Perote y se construyó entre los años de 1770 y 1776, durante la época del Virreinato de la Nueva España. Fue mandado construir por Carlos III de España, bajo las órdenes del virrey Joaquín de Montserrat y Manuel de Santisteban.

La fortaleza de las tropas españolas
Este castillo que más bien es una fortaleza se edificó como un punto de defensa para proteger el Camino Real contra los ataques de británicos, luego de su exitosa invasión a La Habana, Cuba. Con el paso de los años, esta fortaleza también funcionó como un almacén estratégico, cuartel, prisión y un centro militar educativo. El lugar fue sede del Heroico Colegio Militar de México en 1823, fundado por el primer presidente de México, Guadalupe Victoria, quien se dice murió ahí y sus restos descansan en la capilla.

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La leyenda de dos soldados que murieron por amor
La Fortaleza de San Carlos en Perote Veracruz también es el hogar de una de las leyendas más fascinantes. Si te fijas bien en su puerta principal hay dos estatuas de soldados llamadas ‘Los Desterrados de piedra’, las cuales fueron traídas directo del viejo continente. Según los lugareños, estas estatuas cobran vida en las noches, ya que si te acercas a ellas se escuchan sus lamentos y sus respiraciones.

Sin embargo, su leyenda nació en España, precisamente en Cataluña, cuando se declaró estado de guerra contra Francia. Se creó un fuerte en la región de Girona, llamado el Fuerte de Figueras. Y ahí frente a fuerte se encontraron a dos soldados muertos llamados Francisco Ferrer y Jaime Castells, quienes eran rivales de amor y estaban profundamente enamorados de Olalla de Olot. Al estar de guardia se atacaron, murieron y al poner en riesgo a sus compañeros, se ordenó que sus cuerpos se convirtieran en estatuas para la eternidad. Actualmente, el recinto funciona como museo.

Fuente: Diario de Xalapa
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