La capital mexicana se construyó sobre una ciudad todavía más antigua. Todavía hoy, los templos, palacios y demás edificaciones de la antigua Tenochtitlan sostienen los edificios coloniales del Centro Histórico de la CDMX. Aunque enterrados, los vestigios de aquella civilización han perdurado a lo largo de los siglos, y aunque solo algunos pocos, como el Templo Mayor, se ven desde la calle, todavía es posible visitarlos. En el número 24 de la calle Guatemala, a espaldas de la Catedral Metropolitana, se encuentra el Museo del Cacao y Chocolate, y debajo de él, los restos del Huei Tzompantli. Aunque este último no está abierto al público, frente al edificio puedes encontrar varias cédulas con más información sobre esta estructura de cráneos, pues es uno de los elementos clave para entender la cosmovisión del Imperio Mexica.


Qué es el Huei Tzompantli
El término tzompantli viene del náhuatl ‘estante de cráneos’. Sin embargo, esta estructura construida con los huesos de guerreros derrotados y víctimas de sacrificios, era popular en todo Mesoamérica, y servía para fines rituales y como símbolo de poder. Y es que si bien es cierto que es un símbolo de la brutalidad del poder militar, también estaba vinculado con el ciclo de la vida, la muerte, la fertilidad y el orden cósmico. Es importante mencionar que no todos los tzompantlis estaban hechos con huesos: muchos de ellos —como el del Templo Mayor— eran estructuras escultóricas labradas en piedra, con el mismo simbolismo de la renovación de la vida a través de la muerte.


Aunque las crónicas de los conquistadores españoles hablaban de la existencia de un enorme muro de cráneos en Tenochtitlan, no fue sino hasta 2015, durante los trabajos de recimentación del edificio contiguo, que se hallaron los restos de este tesoro prehispánico. Y si bien el cálculo de los cronistas sí que eran exagerados —se dice que Andrés Tapia, contemporáneo de Cortés, calculó un total de 136,000 cráneos—, la escena sí era impresionante. Se estima que, en su momento de mayor auge, el Huei Tzompantli llegó a tener incluso hasta 20,000 cráneos, con dimensiones de aproximadamente 40 metros de longitud y 14 de ancho, con cinco metros de altura. Sin embargo, los restos son mucho menores.

Otros tzompantlis alrededor de México
Pero los mexicas no eran los únicos que construían tzompantlis. De hecho, de acuerdo con un artículo de Virginia E. Miller para la revista Arqueología Mexicana, la primera estructura permanente para la exhibición de cráneos humanos fue construida por los mayas. En Chichen Itzá se conserva uno labrado en piedra muy cerca del Gran Juego de Pelota. Por otro lado, en otro artículo de la misma publicación, Yolotl González Torres menciona que esta práctica ha sido común entre muchos pueblos del mundo. En 1982, se exhumó un tzompantli en la loma de La Coyotera en Oaxaca, mientras que también en Chakán Putún, en Guatemala hay vestigios de una práctica similar. Por otro lado, se sabe que en la zona arqueológica de Tula de Allende, en Hidalgo, los toltecas también construyeron uno.


