Aunque a Cuernavaca le dicen ‘la ciudad de la eterna primavera’, Tlayacapan es un pueblito en Morelos con menos habitantes y un clima templado todo el año donde los paisajes montañosos son el escenario de tradiciones vivas. El pasado prehispánico del pueblo sigue vivo en las tradiciones heredadas de los olmecas y los xochimilcas, pero también en la traza urbana original. Este pueblito a hora y media de la CDMX y a una desde Cuernavaca es un destino ideal para pasar el fin de semana: tiene un convento declarado Patrimonio por la UNESCO, artesanías de cera y barro, temazcales, banda y danza tradicional y tamales de ceniza para pasar dos días alejado del caos y conectando con la identidad del país.


La cuna del Chinelo y una de las bandas más antiguas del país
Aunque la danza del Chinelo es uno de los emblemas del estado de Morelos, su cuna está en Tlayacapan. Aquí nació el ‘brinco del Chinelo’ en el siglo XIX, acompañado por los instrumentos de viento. Aunque el pueblo cuenta con siete bandas de este tipo, la Banda de Tlayacapan es la más representativa y se considera una de las más antiguas del país. Para presenciar esta danza con música en vivo en un contexto lleno de tradición y arraigo, hay tres momentos clave en el año. El primero es el Carnaval, el cual se lleva a cabo durante los tres días previos al miércoles de Ceniza. Después, las Fiestas de San Juan, que se celebran el 24 de junio. Finalmente, entre finales de octubre e inicios de noviembre se realiza el Encuentro Nacional de Bandas y Festival de Barro, que también son el pretexto perfecto para escaparse a Tlayacapan.


18 capillas y un convento en la ladera del Popocatépetl
Como ya mencionamos, Tlayacapan se encuentra en la ladera del Popocatépetl, lo que le otorga un clima templado prácticamente todo el año. Si visitas el pueblo, te recomendamos hacer el recorrido —ya se a pie o en bicicleta— para conocer sus 18 capillas hasta llegar al Ex Convento Agustino de San Juan Bautista, un tesoro del siglo XVI catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El edificio conserva su capilla abierta, el portal de peregrinos y un claustro con bóvedas góticas, así como un conjunto de murales muy bien conservados. Si vas en bicicleta de montaña y quieres extender la ruta, también puedes conocer el Corredor Biológico Chichinautzin, donde se realizan algunas actividades ecoturísticas.

Barro y velas escamadas: la herencia artesanal de Tlayacapan
Si eres un amante empedernido de las artesanías, te agradará saber que Tlayacapan conserva un barrio repleto de talleres alfareros. Aquí, las familias continúan moldeando y horneando piezas utilitarias que se venden en el mercado y en las calles. Asimismo, en el pueblo se conserva la tradición de elaborar velas escamadas, las cuales son especialmente llamativas para decorar los altares de Día de Muertos y las mesas de las cenas navideñas, pero son un adorno precioso a lo largo de todo el año.

Antojitos de Tlayacapan
Por supuesto, Tlayacapan tiene su propia gastronomía tradicional. Destacan los tamales de ceniza, que se llaman así por su color, pero en realidad están hechos con frijoles. Normalmente se sirven acompañados de mole rojo o verde. También es común encontrar cecina, tlacoyos con nopales y tacos de longaniza. De postre, el fruto de horno es una especialidad. Si estás buscando licores y destilados para llevar a casa, el aguardiente de Zacualpan, el pulque de Huitzilac, el mezcal de Palpan y el rompope de Tehuixtla son muy representativos del pueblo.

