En la obra de teatro Me sale bien estar triste, la dramaturga mexicana Jimena Eme Vázquez pregunta: ¿a qué sabría tu última relación si pudieras ponerla en una taza de café? La de Elisa y Armando sería la taza más cuidada del mundo: los granos se seleccionarían en verde, el tostado se haría en casa, la cafetera se calibraría tres veces al día y la preparación sería en la mesa, a la vista de todos, mientras la plática fluye sin perder de vista el proceso minucioso. O por lo menos así es como sirven cada taza en Fuego y Café. Esta cafetería con dos sucursales en la Condesa —Nuevo León 5 y Mazatlán 132— no es para nada pretenciosa. Al contrario: nace de la pasión por el café, del deseo de prepararlo y del gusto profundo por compartirlo.


Cuatro generaciones de cafeteros de Veracruz
Elisa nació en Veracruz, en una familia donde el café era mucho más que una bebida. Una vez que ella misma descubrió el mundo del tostado —continuando con una tradición familiar de cuatro generaciones—, no volvió a soltarlo. Fue así como, cuando Armando le propuso casarse y mudarse a la CDMX, ella puso una sola condición: seguir tostando. Fue así como nació Fuego y Café. Desde el inicio, el diferenciador de esta cafetería en la Condesa ha sido su control total del proceso. Una de las claves es su vínculo estrecho con los productores —el cual ha existido desde antes incluso de que abrieran Fuego y Café—. El 95% de la producción proviene de Coatepec, Veracruz, mientras que un pequeño 5% viene de microlotes cultivados en Temascaltepec, Estado de México.

En Fuego y Café, Elisa tuesta el grano y Armando se encarga de calibrar las máquinas. El trabajo es minucioso: constantemente experimentan con diferentes curvas de tostado para revelar nuevas notas aromáticas y sabores para que siempre haya algo nuevo que probar, mientras que las máquinas se calibran tres veces al día según el clima y la humedad. Cada dos semanas organizan catas de café, y otras veces dan cursos y talleres para aprender a preparar el mejor café en casa.


Desde café filtrado preparado en la mesa hasta affogato con helado de cardamomo
En Fuego y Café, la pasión por el café no se traduce en purismo. Al contrario: buscan celebrar el café mexicano y la visita puede ser tan relajada o especializada como prefieras. Nosotras probamos la experiencia Brew Bar, donde los baristas preparan el café mediante distintos métodos de extracción manual directamente en la mesa. Además de que visualmente es una belleza, puedes hacer todas las preguntas que quieras. Sin embargo, también hay otras opciones, como el latte vainilla, el cold brew o incluso frappés. Si vienes en plan de postre, te recomendamos probar el affogato con helado artesanal de cardamomo. Los sabores son bastante intensos, pero la combinación es ganadora.


Asimismo, también tienen una cocina que invita a pasar más rato en sus mesas. Si buscas algo ligero, prueba el bowl de avena con aguacate: avena cremosa hidratada con leche de coco, cubierta de malteada de aguacate, miel y frutos secos. Pero también hay opciones más sustanciosas. Nosotras probamos el emparedado de roast beef —focaccia tostada con dip de café, queso gouda, lechuga y carne extra suave y delgada— y el grilled cheese focaccia —con mostaza artesanal, queso gouda fundido, queso de cabra y pepinillos crujientes, servida con tomates cherry—.


