En la CDMX somos privilegiados, pues muchos artistas incluyen la capital mexicana en sus giras mundiales. Sin embargo, tampoco es raro que suceda uno de estos escenarios: que no alcancemos boletos, o que las giras no incluyan a Latinoamérica. Hay conciertos por los que vale la pena viajar, y en esos casos, El Paso, Texas es una de las mejores opciones. Pero curiosamente, la gente no suele quedarse a descubrir todo lo que este destino tiene para ofrecer. Hace unas semanas, fui a El Paso para ver a Karol G, pero en lugar de ir y volver, decidí aprovechar el viaje para quedarme todo el fin de semana. La sorpresa fue más que grata: no solo encontré mucho que hacer, sino que además descubrí toda la calidez y autenticidad de la comunidad de El Paso.



Cómo llegar a El Paso desde la CDMX
Aunque no hay vuelos directos de la CDMX a El Paso, hay varias maneras de llegar. Yo volé a Ciudad Juárez —1.5 horas de vuelo—, y después contraté un transporte privado para cruzar la frontera por tierra. Si no tienes SENTRI, deberás bajar del auto y cruzar a pie con tu equipaje. Este proceso cuesta $6 MXN —sí, lo mismo que tomar el metrobús—, y tuve suerte, pues no había fila en la aduana. Una vez que crucé, me encontré con el chofer afuera de la oficina de aduana y, menos de una hora después de salir del aeropuerto, ya me encontraba en la habitación del hotel.

¿Dónde dormí? En un hotel con Llave Michelin
Ubicado en el corazón de El Paso, The Plaza Pioneer Park es considerado el hotel más lujoso de la ciudad. Sin embargo, la tarifa por noche no es muy diferente a la de los hoteles boutique en Tepoztlán. Además, se trata de un lugar histórico, pues el edificio se construyó en la década de 1930, y ahí se hospedaron personalidades como Conrad Hilton y Elizabeth Taylor. Hoy en día, tiene 130 habitaciones con un interiorismo elegante y moderno inspirado en el Art Deco, baños amplios y camas comodísimas. En el rooftop encontrarás una terraza con vistas increíbles de la ciudad, mientras que en el restaurante tienen un brunch dominical donde se sirven clásicos desayunos mexicanos.


¿Dónde comí? En restaurantes locales y steakhouses texanos
Cuando planeo un itinerario de viaje, lo primero que tengo que establecer es dónde voy a comer. En El Paso encontré varios restaurantes locales con propuestas auténticas y originales a la vez. Para el desayuno, Savage Goods es un negocio familiar que se caracteriza por su café y pan dulce —las donas son un must, sobre todo la de chocolate—. Tienen un menú de all-day brunch que incluye delicias como el Sunrise Sammie, un bollo de pretzel relleno de huevo revuelto, jitomate, aguacate, alioli y hojas verdes.

Otra opción increíble para empezar el día con el pie derecho es Salt + Honey, un negocio liderado por mujeres que fusiona sabores de la cocina libanesa y mexicana para crear platos reconfortantes que saben a hogar y, al mismo tiempo, experimentan para crear recetas propias. Para la hora del brunch, yo pedí los Tacos Borrachos —brisket marinado con michelada, pico de gallo y papas hashbrown sobre tortillas de harina—, y estoy obsesionada con los Baklava Pancakes —esponjosos, servidos con helado de vainilla, baklava y miel especiada—. Para el lunch, Taconeta es un restaurante de inspiración muy mexicana, pero con un sello texano innegable. Tienen esquites, aguas frescas y tacos, pero lo que más nos sorprendió fueron los ejotes tempurizados.

Si eres amante de la carne, El Paso es un buen lugar para salir a cenar. Yo probé dos restaurantes con menús afines, pero atmósferas muy diferentes. El primero fue White Spur, con mucho espíritu texano donde el menú gira alrededor de las brasas. Todos los jueves de 8:00 a 9:30 p.m. tienen clases de two step dancing. Este plan es increíble si vas en pareja, pero también es divertido ir con amigas. Ahora que si buscas algo más refinado, Weso Steakhouse se encuentra en pleno downtown. Aquí la carne es la especialidad, con una atmósfera más sofisticada ideal para una cena romántica.

El itinerario: naturaleza y cultura
Ir a un concierto a El Paso, Texas y regresar al siguiente día sin darse la oportunidad de salir a pasear es un viaje terriblemente desaprovechado. Si lo tuyo es la naturaleza, el Parque Nacional Montañas Franklin se encuentra a solo 20 minutos de downtown, pero es un verdadero paraíso que resguarda el desierto en todo su esplendor. Yo inicié la mañana con una caminata, pero también es posible hacer bici de montaña, escalada en roca y hasta acampar. Uno de los rincones más mágicos del lugar es un pequeño observatorio de aves, donde puedes pasar un largo rato admirando distintas especies en su hábitat natural.


También vale la pena dedicarle una tarde completa a recorrer los museos de El Paso, Texas. Yo visité el Centro Cultural Mexicano-Americano —MACC, por sus siglas en inglés—, el Museo de Arte y el Museo de Historia. Los tres son gratuitos y tienen una museografía destacable. El MACC tiene una sala para exhibir la obra de artistas chicanos, así como clases y talleres que mantienen viva la herencia mexicana de esta ciudad en Estados Unidos. El Museo de Arte tiene exposiciones temporales y permanentes para todos los intereses, desde arte renacentista hasta arte contemporáneo. Finalmente, la exposición permanente del Museo de Historia no solo se enfoca en los hechos, sino en las culturas y las migraciones que han consolidado la identidad de la población de El Paso.


Las compras más allá de los Outlets
No lo voy a negar: sí le destiné varias horas de mi viaje a El Paso, Texas a pasear —y comprar— en The Outlet Shoppes. ¿Me arrepiento? No. Hay muchísimas tiendas, y puedes encontrar muy buenos descuentos en esos artículos que quizá llevabas un tiempo buscando. Sin embargo, también quise darme tiempo para explorar otros negocios locales. Uno de los lugares que más me emocionaba visitar era Brave Books. Se trata de una casa transformada en una librería cuya curaduría no se rige por géneros literarios, sino por la pasión por los libros y la firme creencia de que la lectura puede ayudarnos a crecer como sociedad.

Visité otras tiendas, pero Rocketbuster Boots es una parada imperdible si amas la moda y el diseño. ¿Qué tienen en común Kendrick Lamar, Taylor Swift y Christian Nodal? Todos tienen Rocketbuster Boots. Su taller y tienda se encuentran en El Paso, y se han vuelto famosos por sus botas vaqueras hechas a mano y a la medida. La diseñadora Nevena Christy abandonó su vida en el mundo de la moda en Nueva York para mudarse a Texas a hacer botas de cuero. Su imaginación inagotable, su capacidad para entender la visión de cada cliente, y su tenacidad por aceptar los retos más desafiantes la han llevado a donde está: en los pies de algunas de las celebridades más notorias. Incluso si no vas de compras, vale la pena visitar el taller. Ten en cuenta que abren de lunes a viernes de 9:00 a.m. a 4:00 p.m.

Los conciertos en El Paso, Texas
Como ya mencioné, yo fui a El Paso, Texas para ver a Karol G en su gira Viajando por el mundo Tropitour. Sin embargo, la noche anterior pasé frente a The Plaza Theater —ubicado frente al hotel— y decidí comprar boletos de último minuto para ver también a Alicia Villareal. Lo que tuve al final fueron dos experiencias muy distintas, pero con un punto en común: un ambiente extraordinario y muy buena producción. Y es que si bien en México estamos acostumbrados a bailar de inicio a fin, cantar fuerte cada canción e interactuar con los artistas, esta atmósfera de gozo desenfrenado no se acaba en la frontera.

También vale la pena mencionar que los venues tienen puntos a favor muy fuertes. Por un lado, The Plaza Theater es un teatro techado y más íntimo. Se construyó en 1930 y tiene un diseño que parece una escenografía, asemejando el patio de una hacienda antigua donde tanto el escenario como las butacas se sumergen en esta atmósfera. Al ser más pequeño, tienes buena visibilidad desde cualquier sitio, y la acústica es bastante buena. Por otro lado, Karol G se presentó en Sun Bowl Stadium dentro del campus El Paso de la Universidad de Texas. Mucho más grande y al aire libre, hay una diferencia grande entre este estadio y algunos otros en la CDMX: los asientos. Y es que no se trata de una gran grada de concreto, sino de butacas individuales y acolchadas donde no duele esperar a que empiece el concierto.


