La oferta gastronómica en la CDMX no para de crecer. Con un sello cada vez más cosmopolita, el plan ideal cada vez apela más a una autenticidad que traspasa fronteras. Porque incluso en esos días en los que se antoja mucho más una pizza que un fine dining, la calidad, la técnica y el respeto por la tradición importan. En 2015, Ardente abrió sus puertas con un objetivo claro: preparar pizza napolitana tal como en Nápoles. Con el tiempo, se convirtió en la primera pizzería en México en obtener la certificación de la Associazione Verace Pizza Napoletana —AVPN—, y en 2025 se le otorgó el lugar número 12 en la lista 50 Top Pizza en Latinoamérica.



Te puede interesar: Aprende a hacer auténticas pizzas napolitanas de la mano de uno de los mejores pizzaiolos del mundo (avalado por Italia)
Masa suave y bordes inflados: así es la pizza napolitana
Alrededor del mundo —e incluso dentro de Italia— existen distintos tipos de pizza con sus propias características. Todas son válidas y cada quién tiene sus favoritas, pero si quieres aprender a reconocer una auténtica pizza napolitana, tienes que fijarte en la masa. Y es que el secreto está su textura suave al centro, y crujiente, inflada y tostada en los bordes. Para lograrlo, se utiliza únicamente agua, sal, harina y levadura, y la fermentación mínima es de ocho horas antes de trabajarla de forma manual. De hecho, una buena señal es el desafío de comerla con las manos, pues es escurridiza y al final lo más conveniente es doblar la punta hacia adentro, y sostener la orilla como si se tratara de un taco.

El horno que fabricaron a mano y trajeron desde Nápoles
Por supuesto, en una auténtica pizzería napolitana, el horno es la base de todo. Hoy en día, Ardente cuenta con dos sucursales en la CDMX —Pedregal y Condesa—, y en ambas, el horno es el gran orgullo de la casa. Se trata de dos hornos de leña construidos de manera artesanal en Nápoles por Stefano Ferrara, los cuales alcanzan temperaturas de 400 grados centígrados que cocinan la pizza de forma uniforme en tan solo 60 a 90 segundos. Así, la textura ligera de la masa adquiere un perfil de sabor definido por el fuego y la calidad del ingrediente.

Tenemos que hablar también de la enorme capacitación del equipo de Ardente. Y es que, obviamente, además del horno, los pizzaioli son el corazón del proyecto. No está de más recordar que, en 2017, la UNESCO reconoció el arte del pizzaiolo napolitano como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Ardente respeta y honra esta decisión a partir del entrenamiento constante que recibe su equipo en la cocina, asegurando lineamientos muy estrictos respecto a la fermentación, la técnica manual y el control preciso del horno de leña.

Te puede interesar: Hay un rinconcito romántico y delicioso para ir a comer las mejores pizzas de Metepec
Mantenlo simple: tres pizzas para probar sí o sí en Ardente
El menú de Ardente es bastante generoso. Entradas, pastas, ensaladas: hay un poco de todo para todos los gustos. Nosotras te recomendamos probar el Linguine ai gamberi cremosi, una pasta con camarones ligeramente picante, con salsa cremosa a base de vino blanco, con mostaza Dijon, jitomate deshidratado, perejil fresco y queso parmesano rayado. Sin embargo, la estrella sí que son las pizzas. Destacan tres: la Marinara, la Margherita y la Quattro Formaggi.

La primera es la más simple de todas, pero ahí radica su excelencia, pues la calidad de los ingredientes habla por sí misma: salsa de jitomate San Marzano DOP, ajo, orégano y aceite extra vírgen. En cuanto a la Margherita, hay dos versiones. La clásica Margherita Verace lleva salsa de jitomate, mozzarella, parmesano, albahaca y aceite de oliva extra vírgen, mientras que la Margherita Bufalina es más untuosa y aromática, preparada con mozzarella de búfala DOP. Finalmente, la pizza Quattro Formaggi es una pizza bianca con mozzarella, gorgonzola, parmesano y provolone ahumado, cuatro sabores intensos que, sin embargo, muestran todo el potencial respecto a las texturas y frescuras de los quesos italianos.

Para acompañar la comida, en Ardente cuentan con una carta de vinos italianos cuidadosamente seleccionados para maridar tanto la comida como el ambiente. Y para el cierre más meritorio, un café napolitano, intenso y aromático, para ponerle un punto final muy digno a la sobremesa.

¡Coman, disfruten y compartan!
