El mole, como los paisajes, es una experiencia completamente distinta dependiendo de la región del país en la que te encuentres. A pesar de eso, no deja de ser símbolo de identidad y orgullo nacional. Conocer y probar las diversas interpretaciones de este plato alrededor del territorio es un sueño foodie que bien merece mantener los ojos abiertos para identificar los mejores destinos para comer mole en México.


Xico, Veracruz – Mole xiqueño
A solo 20 minutos de Coatepec y 40 de Xalapa, Xico es uno de los pueblos cafetaleros más encantadores en la sierra veracruzana. Pero además, es uno de los mejores destinos para comer mole en México. Y es que aquí se prepara el mole xiqueño, famoso por su sabor dulce y complejo que resulta de la mezcla de más de 25 ingredientes que incluyen chiles, especias, frutos secos, semillas y chocolate. Aunque claro, la receta varía dependiendo de quién lo prepare. Además de las presentaciones más comunes, puedes encontrarlo presente en otros platos tradicionales como picaditas y tamales, los cuales se sirven sobre todo en las mañanas y se acompañan con un café espectacular.


San Pedro Atocpan, CDMX – Mole almendrado
En la alcaldía Milpa Alta en el sur de la CDMX, hay un Pueblo Originario donde la tradición milenaria del mole es el gran pilar económico y cultural de la comunidad. De hecho, entre el 80 y el 90% de la población de San Pedro Actopan se dedica a la producción y venta de este platillo. Este es un gran destino para comer mole todo el año, pero durante las primeras semanas de octubre se celebra la Feria del Mole. Aunque producen múltiples variedades de mole, el más popular es el mole almendrado.


Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca – Mole amarillo
Aunque quizá no es el mole más famoso de Oaxaca, el mole amarillo de Santo Domingo Tehuantepec es una delicia llena de tradición. Además de ser muy vistoso, tiene un sabor intenso derivado de la mezcla de una variedad de ingredientes como chiles costeños amarillos, ajo, jitomate, clavo, comino, hoja santa y masa de maíz —la cual le da una consistencia más espesa—. Es común comerlo con carne de res o guajolote, acompañado de arroz blanco, tortillas, tamales de elote o totopos.


Tehuacán, Puebla – Mole de caderas
También conocido como Huaxmole, el mole de caderas es uno de los platos más típicos de la región de la Mixteca Poblana. Pero más que solo una receta, se trata de un ritual que tiene su origen en la época prehispánica. En el mes de octubre, se celebra la Fiesta de la Matanza, con danzas y cantos para sacrificar los chivos con los que se prepara este platillo. Con los huesos del animal —especialmente las caderas—, chiles costeños, guajillos, jitomate, ajo y cebolla, se prepara un mole con un sabor intenso, salino y terroso que llena de identidad al estado y que no es muy conocido fuera de Puebla.


Tlaxco, Tlaxcala – Mole negro de huitlacoche
Cuando hablamos de mole negro, muchos limitamos la conversación a las recetas que preparan en los estados de Puebla y Oaxaca. Sin embargo, en Tlaxcala se prepara un mole negro de huitlacoche totalmente único, con notas más suaves, armoniosas y herbales. Al tratarse de un hongo, el mejor momento para probar este mole es entre junio y septiembre, es decir, en la época de lluvias. Sin embargo, secar el huitlacoche es una práctica común que ayuda a tener este plato todo el año, que también es tradicional durante la temporada de Día de Muertos. Si quieres probarlo, te recomendamos visitar el Pueblo Mágico de Tlaxco y descubrir por qué es uno de los mejores destinos para comer mole en México.


Taxco, Guerrero – Mole rosa
Más allá de las artesanías de plata, el mole rosa de Taxco es uno de los grandes orgullos de este Pueblo Mágico en Guerrero. Aquí, el mole es un plato barroco más bien dulce y floral que adquiere su sabor gracias a una mezcla de betabel, piñón rosa y cebolla morada. Adicionalmente, lleva nuez, almendra, ajonjolí, chipotle y especias como canela, clavo y comino. En algunos sitios se corona con pétalos de rosa para hacerlo aun más vistoso.


Omitlán, Hidalgo – Mole de cahuiche
Ubicado entre Huasca de Ocampo y Mineral del Monte —a solo media hora de Pachuca—, Omitlán es un destino pintoresco que amanece inundado de neblina. Entre las delicias gastronómicas de la región destaca el cahuiche, una fruta de la familia de las moras que suele crecer de forma silvestre, y que aquí se prepara en múltiples presentaciones. Una de ellas es el mole de cahuiche, único en su tipo en México, que se prepara en el metate con alrededor de 15 ingredientes más para dar pie a una salsa agridulce y deliciosa.


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