Muy cerca del Parque Benito Juárez, en San Miguel de Allende, se encuentran los Lavaderos de El Chorro, uno de los sitios históricos más representativos de esta ciudad colonial. Se trata de un conjunto de piletas de piedra construidas durante el siglo XVIII, donde las mujeres acudían a lavar la ropa aprovechando la caída de agua natural que descendía del manantial El Chorro. Hoy, este espacio se ha convertido en un atractivo turístico que conserva parte de la historia cotidiana de la ciudad. ¿Lo conoces?


Antes de las lavadoras, así lavaban las mujeres en San Miguel de Allende
Durante la época colonial, la ciudad de San Miguel de Allende —antes conocida como San Miguel El Grande— comenzó a consolidarse, y uno de sus espacios más representativos fueron los lavaderos y baños públicos. En la zona conocida hoy como El Chorro se encuentran los Lavaderos de El Chorro, unas piletas de piedra con más de 200 años de antigüedad, mandadas construir por Manuel Francisco de la Canal. Allí, las mujeres acudían a lavar la ropa aprovechando el agua del manantial de El Chorro, que fluía de manera natural en el lugar.

Los Lavaderos de El Chorro en San Miguel de Allende se colocaron en el siglo XVIII
En esta zona se construyeron siete cuartos que albergaban distintos espacios, entre ellos cinco baños públicos, uno de uso privado y otro destinado al almacenamiento. En el exterior se colocaron las piletas de piedra alineadas en filas, donde las mujeres acudían a lavar la ropa. El agua del manantial El Chorro llegaba hasta este lugar mediante canales y piletas de barro que servían para almacenarla. Estas estructuras de hormigón contaban con una ligera pendiente para facilitar el desagüe. Además de ranuras en la piedra que permitían tallar la ropa y eliminar la suciedad de manera más eficiente.

Lavaderos de El Chorro: un viaje al pasado que aún puedes visitar en esta ciudad colonial
Hoy en día, los Lavaderos de El Chorro son uno de los sitios más representativos para conocer la historia cotidiana de San Miguel de Allende. Con más de dos siglos de antigüedad, este espacio sigue siendo una parada frecuente para los turistas que visitan la ciudad, reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Este conjunto de lavaderos permite imaginar cómo era la vida en el siglo XVIII, cuando las mujeres acudían a este lugar para realizar tareas domésticas aprovechando el agua del manantial. Más que un atractivo turístico, es un testimonio vivo de la vida cotidiana de la época colonial.

