Sí, es Pixza y no está mal escrito. Esta es una pizzería que hace todo distinto y la pronunciación es solo el comienzo. Aquí las pixzas son una versión muy mexicana, hechas con masa azul, ingredientes locales y combinaciones que rompen cualquier regla italiana. Pero Pixza es mucho más que una pizzería curiosa en la CDMX: es un proyecto que cree en las segundas oportunidades. En su cocina, en la caja y entre sus meseros hay historias de personas que vivieron en casas hogar, migraron, estuvieron en prisión o lucharon contra adicciones, y que hoy encuentran aquí un empleo digno, acompañamiento y una nueva forma de empezar. En otras palabras, Pixza es un negocio con ganas reales de resolver problemas sociales, y eso es lo que la hace sumamente especial.


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¿Cómo nació Pixza?
Pixza nació hace diez años en la mente de Alejandro Souza. Cuando estudiaba en Nueva York, conoció a una persona en situación de calle y, días después, mientras comía en una pizzería, no dejaba de pensar en ese encuentro y en cuánto extrañaba la comida mexicana. Todo se mezcló en su cabeza y volvió a México con una idea clara: crear Pixza. El objetivo, además de hacer pixzas con identidad mexicana, era contratar y acompañar a personas en situaciones vulnerables para que pudieran construir una vida independiente.

Con el tiempo se sumaron socios y amigos al proyecto; uno de ellos es Raymundo von Bertrab, actual CEO de Pixza, quien nos contó por qué este restaurante es tan importante: ‘Muchas veces se invierte mucho en el rescate y la rehabilitación de estas personas, pero cuando salen al mercado laboral nadie las quiere contratar y ocurre una recaída. Para romper ese ciclo, nosotros somos ese primer eslabón de la cadena: los contratamos, los ayudamos a desarrollar habilidades socioemocionales, a crecer profesionalmente y a construir un plan de vida independiente’.

El impacto social de Pixza
Desde que abrió, Pixza ha apoyado a más de 300 personas. Una de ellas es Rosa, quien llegó a los 17 años desde una casa hogar. Fue lavaplatos, mesera y hoy, a sus 23 años, está a cargo de la producción en cocina. ‘Mi crecimiento aquí ha sido enorme. Cuando entré no tenía la prepa y ahora ya estoy por terminarla. El horario es muy accesible y me da tiempo de ir a la escuela; me gustaría seguir hasta terminar la universidad’, nos contó Rosa, quien sueña con estudiar Ingeniería en Informática.

También compartió que, aunque cada uno de sus compañeros tiene una historia distinta, todos se sienten integrados y comprendidos. De este modo, se crea un ambiente agradable y una actitud constante de superación. La idea no es que se queden en Pixza para siempre, nos explicó Raymundo: ‘Pixza es un trampolín para que la gente cumpla sus verdaderos planes de vida. Y de sus cocinas han salido personas que hoy son raperos, ministros religiosos e incluso expertos en tecnología.

Pixzas que saben bien y hacen bien
Y si decíamos que Pixza hace todo distinto, el lado gastronómico no es la excepción. La masa de sus pixzas mezcla maíz azul con harina. No solo es profundamente mexicana, sino que también aporta antioxidantes y lo convierte en un súper alimento. Desde que abrieron, trabajan con una proveedora tradicional de maíz azul en el Estado de México y con ingredientes de productores mexicanos.

A lo largo de estos diez años, han creado hasta 45 pixzas distintas y hoy en el menú puedes encontrar alrededor de 12 variedades que van de la cochinita, los esquites o la barbacoa, hasta opciones de jamaica, flor de huitlacoche, gringa o chapulines, sin olvidar las versiones dulces como la de ate con queso. Para acompañar, hay micheladas y aguas frescas de fruta de temporada. Así pues, comer en Pixza no solo se trata de comer rico y probar combinaciones únicas; también es una forma de apoyar un proyecto que ayuda a muchas personas a cumplir sus sueños. Pixza acaba de celebrar su primera década, y ojalá sea apenas el comienzo.
Dirección: Calle de Bolívar 8, Centro Histórico de la CDMX, Cuauhtémoc

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