Hay mucho que decir de Tlayacapan. Este Pueblo Mágico en Morelos es conocido por su clima agradable, los cerros que lo rodean, su tradición artesanal en barro y por ser la cuna del Chinelo, uno de los símbolos más representativos del país. Pero su verdadero tesoro está en su historia: aquí se conservan 26 capillas de barrio construidas en el siglo XVI, hace más de 400 años, y varias aún pueden visitarse. Así que si te gustan los destinos con historia, buena comida y mucho por recorrer, este destino a solo 1 hora y 40 minutos de la CDMX es una gran opción. Eso sí, lleva zapatos cómodos, porque sus calles coloridas y empedradas te harán caminar más de lo que crees.


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¿Por qué hay tantas capillas de Tlayacapan?
Cuando los españoles llegaron a Tlayacapan encontraron una comunidad organizada por barrios, así que los frailes decidieron construir una capilla en cada barrio. Algunas fuentes dicen que llegaron a ser más de 30, aunque hoy se conservan 26. Fueron edificadas entre 1530 y 1570, lo que las convierte en algunas de las construcciones coloniales más antiguas del continente, y lo más sorprendente es lo bien conservadas que están. Su arquitectura corresponde al estilo de capilla abierta o de una sola nave, pensadas para evangelizar a grandes grupos indígenas. Se levantaron con piedra de los cerros cercanos y fueron construidas por los propios pobladores, combinando técnicas indígenas y españolas. De hecho, todavía pueden verse símbolos prehispánicos mezclados con iconografía católica. Aunque son pequeñas y sencillas, muchas siguen activas con misas, rezos y procesiones.


La Ruta de las Capillas en Tlayacapan
En el Pueblo Mágico de Tlayacapan existe la llamada Ruta de las Capillas, un recorrido que puedes hacer por tu cuenta y a pie para ir descubriéndolas una a una. Entre las más conocidas está la Capilla de San Martín Caballero, cuya fachada conserva diversos símbolos prehispánicos. También destaca la Capilla del Rosario, construida en 1794 —la última edificación católica del pueblo— levantada con piedra, lodo y cal, y con un altar completamente de madera. La Capilla de San Jerónimo es de las más fotogénicas por su fachada colorida, mientras que la de Santa Ana mantiene un aire más rústico con detalles originales en piedra. La Exaltación, cercana al centro, es clave durante las fiestas patronales, y la de Santiago es especialmente conocida por su vínculo con las danzas tradicionales. Y así, cada capilla tiene su propia historia que contar.


¿Qué más ver en el Pueblo Mágico de Tlayacapan?
Además de las capillas, en el corazón del pueblo se impone el Ex Convento de San Juan Bautista, una joya del siglo XVI construida prácticamente al mismo tiempo que las capillas y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su arquitectura es sobria, pero justo esa austeridad lo hace verse aún más imponente. En su interior alberga un pequeño museo de momias, donde se exhiben restos momificados de niños y adultos hallados durante trabajos de restauración; un espacio con una atmósfera muy particular que inevitablemente llama la atención. Frente al ex convento está la plaza principal, con el Palacio Municipal, el kiosco y el famoso árbol pochote, una ceiba centenaria que se roba todas las miradas y se ha convertido en uno de los símbolos del pueblo.


¿Qué comprar y qué comer en Tlayacapan?
Tlayacapan también es reconocido por su tradición alfarera, así que es un gran lugar para comprar arte popular. Encontrarás ollas, cazuelas, figuras decorativas y piezas de barro vidriado por todos lados. Incluso hay talleres donde puedes conocer el proceso artesanal y hacer tu propia pieza. Y claro, la experiencia no estaría completa sin probar su gastronomía: el mole verde de pepita —el platillo estrella—, los tlacoyos de haba, los tamales de ceniza, el pan de mezquite y las nieves de fruta, perfectas para el calorcito morelense. Al final, una escapada a Tlayacapan tiene un poco de todo: historia, arquitectura, tradición y muy buena comida.


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