Hay una joya de pueblo que muchos están pasando por alto —y la verdad, no se explica—, porque San Francisco del Rincón, en Guanajuato, tiene muchísimo que ofrecer. Ubicado en el ‘rincón’ del estado, casi pegado a Jalisco, este municipio es conocido como la Capital Mundial del Sombrero. San Pancho —como le dicen de cariño— es el principal productor de sombreros en México y también destaca en la fabricación de calzado. Pero más allá de lo que se produce, está la calidez de su gente, dispuesta a compartir todo lo que hace especial a este lugar. Desde lo que puedes comprar, hasta lo que puedes admirar y, por supuesto, lo que puedes comer.


Así nació la Capital Mundial del Sombrero en Guanajuato
La historia de San Francisco del Rincón como Capital del Sombrero empieza en la época colonial, cuando los habitantes de la región comenzaron a tejer piezas de palma para protegerse del sol en el campo. Con el tiempo, empezaron a venderlas en mercados cercanos. Poco a poco, aquí se perfeccionaron las técnicas de tejido y acabado, surgieron talleres familiares y la producción evolucionó hacia otros materiales con el uso de prensas de vapor y maquinaria especializada. Hoy, se estima que 8 de cada 10 sombreros que México exporta salen de este municipio, donde hay más de 50 fábricas que elaboran desde modelos tradicionales hasta diseños de alta moda y sombreros vaqueros usados por artistas.


Descubre cómo se hacen los sombreros y dónde comprarlos más barato
En tu visita puedes recorrer algunas de estas fábricas, como Sombreros Salazar Yépez, con más de 70 años de tradición en la elaboración de sombreros charros. Ahí puedes ver todo el proceso artesanal: desde el forrado y bordado —hecho a mano por bordadoras con décadas de experiencia— hasta el control de calidad. Cada pieza tiene su propia historia, y no es exageración: incluso han hecho sombreros para figuras como el Papa Pablo VI y pedidos especiales como el sombrero charro oficial de la FIFA para el Mundial 2026. Otra parada es Laredo Hats, especializada en sombreros tipo texana y conocida como ‘la marca de las estrellas’, con clientes como Carin León o Grupo Firme. Además, puedes comprar directamente en las fábricas a precios más accesibles, o recorrer el centro del pueblo, donde hay tiendas para todos los presupuestos. Y si quieres vivirlo en grande, cada julio se celebra la Feria del Sombrero, que reúne a decenas de productores con precios de mayoreo, gastronomía local y presentaciones artísticas.



El pueblo del sombrero también sorprende por su belleza: qué ver y hacer en San Pancho
Pero los sombreros son solo una razón para visitar este pueblo, aún no hemos hablado de su belleza y todo lo que puedes hacer aquí. En primer lugar, está su Plaza Principal, donde puedes ver la antigua oficina de correos, así como la Iglesia de San Francisco de Asís, iniciada en 1694. En total, el municipio cuenta con 17 iglesias antiguas y modernas, y lo ideal es tomar un tour guiado para conocer la historia del municipio, que incluye relatos de brujas. También vale la pena visitar el Museo de la Ciudad, un antiguo edificio que fue cárcel de mujeres y donde estuvieron presas las famosas Poquianchis; hoy alberga exposiciones temporales, obras de arte y piezas curiosas como un colmillo de mamut encontrado en el pueblo. Para cerrar el recorrido, camina por la calle Oliva y Orozco, decorada con paraguas de colores y termina en la Heladería La Gran Soberana, abierta desde 1940, donde la especialidad es la paleta de vainilla rellena de cajeta.



Más allá de los sombreros: artesanías, vino y rincones secretos en San Pancho
Siguiendo con el recorrido, queda claro que en San Pancho el talento va mucho más allá de los sombreros. A solo unas cuadras del centro, en una casa sobre Nicolás Bravo #218, está una tienda ‘escondida’ donde la artista Marina Garrido crea accesorios artesanales hechos completamente a mano: desde sombreros hasta aretes y collares de cráneo que se han vuelto muy populares y codiciados en Estados Unidos. Pero la creatividad del pueblo también se saborea: aquí se producen quesos, cajetas y, en el campo, frutos rojos, chile, jitomate y papa. Además, hay cerveza artesanal y hasta un plan distinto en el Viñedo El Lobo, un espacio más campirano donde puedes conocer el proceso del vino y probar etiquetas con nombres de óperas.



El rancho de Vicente Fox que puedes visita
Todavía hay otro lugar icónico que vale la pena conocer y que conecta directamente con uno de los personajes más famosos de este pueblo: el ex presidente Vicente Fox Quesada. A las afueras de San Francisco del Rincón se encuentra su Rancho San Cristóbal, donde nació y creció, y que hoy funciona como hotel hacienda y como el Centro Fox, un espacio cultural y educativo. Aquí puedes recorrer un pequeño museo con objetos de su etapa presidencial —incluida una recreación de su oficina y su banda—, visitar una biblioteca pública bastante completa y conocer proyectos enfocados al desarrollo de habilidades, con talleres, clases de tecnología y hasta una orquesta infantil. Además, hay recorridos guiados y espacios para eventos, lo que lo convierte en una parada interesante para entender otra faceta de San Pancho más allá de su tradición artesanal.


¿Dónde desayunar, comer y cenar en San Francisco del Rincón?
Y si algo termina por enamorarte de este pueblo es su comida. Para el desayuno, una gran opción es en el Café Aroma y Sabor, ubicado en una antigua casona con mucho encanto, donde el protagonista es su café —una mezcla de granos de Chiapas, Veracruz y Oaxaca— acompañado de desayunos clásicos como huevos al gusto, chilaquiles, molletes y pan recién horneado, todo en porciones generosas y a precios muy accesibles. A la hora de la comida, Casa Blanca Bistró sorprende con una propuesta poco común en el pueblo: cocina internacional hecha con ingredientes locales, con platos como carpaccio de betabel rostizado, papas gajo con parmesano, pollo con mole rosa o filete con puré de plátano macho.


Y para la cena, los pambazos son la verdadera especialidad de San Francisco del Rincón. Cada 5 y 6 de septiembre se celebra el Festival del Pambazo donde invitan a cocineras tradicionales a preparar sus versiones de este platillo. Un gran lugar para probarlos es en El Sabor de Mamá, donde la cocinera Maricela González lleva 33 años en el negocio. Además de los pambazos —que cuestan solo $10 pesos— destacan la cecina seca, —carne planchada, secada a temperatura ambiente y frita en aceite— que se disfruta con limón y sal. Otros antojitos típicos del lugar son las patitas en vinagre con cuerito blanco, el pozole verde o rojo y las flautas. Al final, entre sabores, tradición y hospitalidad, San Francisco del Rincón es mucho más que la capital del sombrero: un lugar que sorprende, se disfruta y deja ganas de regresar.


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