Cuando pensamos en el legado arqueológico de la civilización maya, es común que vengan a nuestra mente sitios como Chichén Itzá, Uxmal o Cobá. Sin embargo, la presencia maya en México se extendió mucho más allá de la península de Yucatán y Quintana Roo. Un ejemplo fascinante es la Zona Arqueológica de Yaxchilán, ubicada en Chiapas, en el corazón de la Selva Lacandona, a orillas del río Usumacinta. Descúbrela y conoce un poco más sobre nuestro pasado prehispánico.


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Yaxchilán: una poderosa e importante ciudad maya
Yaxchilán fue una de las ciudades mayas más influyentes del periodo Clásico Tardío –600–900 d.C.–. Durante su apogeo, se consolidó como un destacado centro político y cultural a orillas del río Usumacinta. Ahí se desempeñó un papel estratégico en las dinámicas de poder de la región. Las ruinas sobresalen por la riqueza de sus estelas y sus dinteles finamente esculpidos, cuyas inscripciones y relieves narran la vida de sus gobernantes. Tras su descubrimiento, algunos arqueólogos reinterpretaron su nombre como ‘la gran casa de las culebras’.

La historia a través de la arquitectura y arte escultórico
Hoy en día, la Zona Arqueológica de Yaxchilán se mantiene bien conservada, y su imponente arquitectura continúa asombrando como lo hizo hace siglos. En el conjunto monumental se han registrado 124 textos distribuidos en30 estelas, 21 altares, 59 dinteles y siete inscripciones diversas, todos elaborados durante el periodo Clásico Tardío. Estos textos relatan las alianzas, conflictos bélicos y acontecimientos dinásticos protagonizados por sus gobernantes. Entre las estructuras más populares del sitio se encuentran la Gran Acrópolis, la Acrópolis Sur y la Acrópolis Oeste.

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Cómo llegar a la Zona Arqueológica de Yaxchilán
Para visitar Yaxchilán, uno de los puntos de acceso más comunes es desde Palenque, ubicado a aproximadamente cuatro horas en auto. Otra alternativa es partir desde Tenosique de Pino Suárez, con un tiempo estimado de cinco horas. El trayecto inicia por la carretera federal 307 y continúa por tramos de terracería; sin embargo, la ruta se encuentra bien señalizada hasta llegar a la comunidad de Frontera Corozal. Desde allí, el acceso final a la zona arqueológica se realiza en lancha, para cruzar el río Usumacinta, lo que convierte la llegada en una experiencia única en medio de la selva.

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