Existe un estado en México que siempre ha atraído la atención de los turistas. Su cocina tradicional maya, cenotes cristalinos, playas en el Golfo de México, vestigios arqueológicos, tradiciones vivas y algunas de las ciudades más bellas del país lo hacen imposible de ignorar. Estamos hablando de Yucatán, una península con una riqueza cultural y natural única que lo ha hecho acreedor a la distinción de Pueblos Mágicos en siete de sus poblados: Valladolid, Izamal, Maní, Sisal, Espita, Motul y Tekak.

Lo que pocos saben, es que estos reconocimientos no siempre son motivo de orgullo entre los habitantes de diferentes zonas, pues es un hecho que el turismo trae consigo trabajo y oportunidades, pero también alzas en los costos de la vivienda y la vida en general. Yucatán específicamente, es un estado que se ha visto involucrado en diversas ocasiones en discusiones acerca de qué tanto los beneficia o los perjudica pertenecer al programa, y algunos

Sisal: El Pueblo Mágico contra su voluntad
El caso más sonado de Pueblos Mágicos en Yucatán que están dentro del programa contra su voluntad es el de Sisal, donde sus habitantes aseguran que ‘nunca les preguntaron si querían ser Pueblo Mágico’. Las rentas de la zona pasaron de un promedio de $1,800 a $2,500 pesos en solo cinco años, por lo que en marzo del 2025, los pobladores talaron mangle como acto de protesta para exigir vivienda. Por otro lado, en Valladolid e Izamal los habitantes están reportando lo mismo: aumento del costo de vida, desplazamiento, daño ambiental al manglar de la Reserva El Palmar y un nombramiento que llegó sin consulta previa.

El primer estado en hablar acerca de renunciar al programa
Debido a lo anterior, en abril de 2025, el secretario de Fomento Turístico de Yucatán, Darío Flota Ocampo, declaró públicamente que la designación de Pueblo Mágico ‘no asegura por sí misma mejoras económicas’ y reconoció que ‘Si una comunidad como Sisal solicita el retiro de la distinción, el Gobierno del Estado estaría dispuesto a acatarlo’. El resultado fue que se abrió la puerta a que la Secretaría de Turismo federal evalúe si mantiene, fortalece o retira las distinciones de sus siete municipios.

El estado paradisíaco que no quiere más turismo
Lo cierto es que Yucatán lo tiene todo. Una playa de arena blanca y aguas turquesa en Sisal, arquitectura colonial intacta en Izamal –con sus fachadas amarillas y el atrio cerrado más grande de América–, cenotes turquesa cerca de Valladolid, ruinas mayas por doquier: Chichén Itzá, Ek Balam, Mayapán, Uxmal, un patrimonio gastronómico reconocido por la UNESCO –cochinita pibil, papadzules, huevos motuleños inventados literalmente en Motul, salbutes, panuchos, sopa de lima– y una identidad maya viva que se nota en cada lengua, traje y festividad. Sobre el papel, es el destino perfecto.

