Hablar del muralismo mexicano del siglo XX implica hablar, casi necesariamente, de Diego Rivera. Él, junto con Siqueiros y Orozco, pasaron a la historia como los padres de esta corriente artística, con obras de gran relevancia que respaldan su importancia. Sin embargo, el primer mural del movimiento muralista mexicano no se lo encomendaron a ninguno de ellos, sino a Roberto Montenegro. Existen varias teorías sobre por qué los libros de arte no recuerdan su nombre con tanto ahínco, y una de ellas apunta incluso a su orientación sexual. Sin embargo, ahora mismo —y hasta el 6 de septiembre— en Bellas Artes tiene una exposición donde no solo se exhibe una gran muestra de su trabajo, sino que además se reivindica su gran papel dentro de la escena artística de la época.


Muralista, retratista, coleccionista de arte popular
Roberto Montenegro nació en Guadalajara en 1885. Estudió en la Academia de San Carlos, donde coincidió con Diego Rivera. Debido a su talento, el gobierno mexicano le otorgó una beca para estudiar en la Academia de San Fernando en Madrid, y posteriormente se mudó a París, donde entró en contacto con los movimientos vanguardistas que impactaron su estilo, sobre todo el cubismo. Pero la visión artística de Montenegro no solo se formó en Europa, sino que también fue un gran entusiasta del arte popular mexicano. De hecho, aunque todo el mundo habla sobre la colección de Rivera, Montenegro también tuvo la suya y durante los años 20 impulsó la creación del primer espacio dedicado al arte popular en México: el Museo de Artes Populares. Este se inauguró en el Palacio de Bellas Artes en 1934, y Roberto Montenegro fue nombrado director.


El primer mural del movimiento muralista mexicano
Después de la Revolución Mexicana, el nuevo gobierno buscaba legitimarse a partir de la difusión de los ideales de justicia social que rigieron la lucha. Para ello, vieron en el arte un medio invaluable para acercarse al pueblo. Y es que en un momento donde buena parte de la población no sabía leer ni escribir —sobre todo en el campo y la clase obrera, a quienes le hablaba la revolución—, el arte representaba una forma más democrática de transmitir ideales y despertar una ‘conciencia social’. José Vasconcelos, rector de la Universidad Nacional, fue elegido para dirigir la Secretaría de Educación Pública. Fue él quien comisionó los primeros murales que luego consolidarían el movimiento muralista. Y el primero de todos, se lo encargó a Roberto Montenegro.

Diego Rivera llegó con su pintura y sus andamios a la Escuela Nacional Preparatoria en el Antiguo Colegio de San Ildefonso en 1922. Sin embargo, un año antes, en 1921, Roberto Montenegro ya pintaba los muros del extemplo de San Pedro y San Pablo —a unas cuadras de la ENP—, el cual había sido remodelado para convertirse en un espacio dedicado a campañas de alfabetización. Muchos historiadores consideran este primer mural, titulado ‘El árbol de la vida’, como la primera obra del movimiento muralista mexicano. La versión original fue censurada, pues representaba un San Sebastián andrógino, semidesnudo y rodeado de mujeres con el pecho descubierto. Ya fuera por decoro o por la preocupación de que el mural no representara los valores de virilidad normativos de la época, Vasconcelos ordenó hacer los ajustes que dieron pie a la obra que se conserva hoy.

Roberto Montenegro en Bellas Artes
La exposición Roberto Montenegro: Una nueva lectura sobre muralismo, disidencia y modernidad en Bellas Artes reúne algunas de las piezas más importantes del artista tapatío, la mayoría realizadas entre 1922 y 1934. Bajo la curaduría de Daniel Garza Usabiaga, la muestra reafirma el papel de Montenegro en la escena artística de su época. Asimismo, explora elementos dentro de su obra, como las representaciones de la masculinidad y el uso de códigos visuales vinculados con la cultura homosexual. A lo largo de cuatro salas, podemos ver retratos, fragmentos de murales, parte de su colección de arte popular, litografías, dibujo, acuarela, etc. Se trata de una oportunidad única para entender mejor el movimiento muralista, pero también para ampliar nuestra mirada y aprender más sobre este artista que marcó la historia del arte mexicano.

