A pesar de que muchas personas bromean con que Tlaxcala no existe, el estado más pequeño de México presume tener una de las gastronomías más sobresalientes del país. Uno de sus platillos más representativos es, sin duda, el mole prieto, un guiso de sabor ahumado elaborado con maíz nixtamalizado, chiles secos y carne de cerdo. Su origen se remonta a las épocas prehispánica y colonial, y hoy en día se disfruta principalmente durante el Carnaval, las fiestas patronales y la Semana Santa. ¿Te gustaría probarlo? Aquí te contamos un poco más sobre su origen.


Mole prieto: el platillo de Tlaxcala dedicado a la diosa Toci
El origen del mole prieto en Tlaxcala surge en la época prehispánica, cuando era conocido como Tlilmolli, una palabra náhutal que significa ‘mole negro’ o ‘mole oscuro’. Según la tradición, este guiso, originario de los municipios de Santa Ana Chiautempan y Contla de Juan Cuamatzi, se preparaba en honor a la diosa Toci, asociada con la salud, la fertilidad y el tejido, y solo se cocinaba como parte de ceremonias y festividades rituales. Antes de la llegada de los españoles se elaboraba con carne de venado o guajolote; posteriormente con carne de cerdo.

El mole de sabor ahumado que se cocina con chiles secos, maíz y cerdo
El mole prieto es uno de los moles más representativos de México, al igual que el mole negro, el mole verde y el mole coloradito. Sin embargo, su preparación es muy distinta, ya que se elabora a partir de tres ingredientes principales: chiles secos —como chipotle meco y rojo, pasilla, ancho y mulato—, masa de maíz nixtamalizado y carne de cerdo, aunque también puede prepararse con guajolote o pollo. Su característico sabor ahumado y su tonalidad negra se deben al tostado de los chiles y a su largo proceso de cocción. A diferencia de otros moles, no es dulce y tiene un picor moderado.

El mole tlaxcalteco que se sirve durante el Carnaval, la Semana Santa y las fiestas patronales
Este guiso tradicional de Tlaxcala se disfruta principalmente durante el Carnaval, celebrado en febrero, así como en la Semana Santa y las fiestas patronales. Tradicionalmente se sirve muy caliente en cajetes de barro y se acompaña con tamales de anís. O tamales tontos, una masa sin relleno que se utiliza como cuchara comestible. El mole incluye trozos de carne de cerdo, que aportan aún más sabor al platillo. Sin duda, es una de las especialidades gastronómicas que vale la pena probar al visitar Tlaxcala.

