Mientras cada año más de 4 millones de turistas llegan al Gran Cañón de Arizona para asomarse a sus paredes rojizas, en México existe otro cañón que es 4 veces más grande en extensión y casi el doble de profundo, y sin embargo permanece prácticamente desconocido para la mayoría de los viajeros mexicanos. Se llama Barrancas del Cobre, está enclavado en la Sierra Tarahumara al suroeste del estado de Chihuahua, y su nombre viene del tono cobrizo-verdoso que tienen las paredes de sus cañones. En realidad no se trata de una sola barranca, sino de un sistema de siete cañones interconectados que cubren más de 60 mil kilómetros cuadrados de superficie, más que el Reino Unido entero. Un destino que compite con los grandes cañones del mundo pero que todavía puedes visitar sin encontrarte multitudes ni filas para tomar fotos.

Su enorme tamaño que lo supera todo
Las Barrancas del Cobre son el resultado de más de 20 millones de años de erosión geológica, con siete cañones principales interconectados: Sinforosa, Urique, Del Cobre, Batopilas, Candameña, Oteros y Chínipas. La Barranca del Urique es la más profunda de todo México con casi 1,900 metros de caída, mientras que la Barranca de Candameña alberga las dos cascadas más altas del país: la cascada de Basaseachi, con 246 metros de caída, considerada la quinta más grande de América, y la cascada de Piedra Volada, con impresionantes 450 metros de altura. Todo el sistema está habitado por el pueblo indígena rarámuri o tarahumara, conocido mundialmente por su capacidad para correr distancias ultra largas descalzos o con sandalias hechas de neumático. Algunas familias aún viven en cuevas naturales y conservan sus tradiciones prácticamente intactas.

El Tren Chepe exprés
La mejor forma de recorrer las Barrancas del Cobre es a bordo del Chepe Express, uno de los trenes turísticos más impresionantes del mundo y el único tren de pasajeros de lujo en México. Su ruta va de la ciudad de Chihuahua a Los Mochis, cubre más de 650 kilómetros de recorrido y atraviesa 86 túneles y 37 puentes, muchos de ellos suspendidos sobre acantilados que quitan el aliento. Este ferrocarril comenzó a operar en 1961 después de más de medio siglo de construcción, y desde 2017 opera la modalidad Chepe Express con tres categorías: Turista, Ejecutiva y Primera, la última con acceso a coche exclusivo, terraza panorámica, bar y restaurante gourmet. Las estaciones más visitadas son Creel, Divisadero, Posada Barrancas y El Fuerte, todas con acceso directo a miradores, comunidades rarámuri y actividades de aventura.

Su parque de aventuras
En la estación Divisadero está el Parque de Aventuras Barrancas del Cobre, uno de los complejos de deportes extremos más impresionantes del continente. Su tirolesa ZipRider recorre 2,554 metros de longitud a una altura máxima de 290 metros, siendo la más larga de América y la segunda del mundo, con vistas panorámicas donde ocasionalmente vuelas a la par de halcones y águilas reales. También cuenta con el tercer teleférico más grande del mundo en su tipo sin torres intermedias, que atraviesa 3 kilómetros de barranca a 260 metros de altura, con un restaurante de fondo de cristal en el destino final llamado Mesón de Bacajípare. Además hay siete tirolesas más, dos puentes colgantes, vía ferrata, escalada en roca y ciclismo de montaña. El pueblo de Creel funciona como base perfecta para explorar todo con calma.

La cocina Rarámuri y la gastronomía chihuahuense
La comida de la Sierra Tarahumara es una fusión brutal entre las tradiciones prehispánicas rarámuris y la cocina norteña de Chihuahua. Los platillos más tradicionales de las comunidades rarámuri incluyen el pinole de maíz tostado, el atole de maíz azul, los chacales que son granos de maíz molidos con caldo, y el legendario tesgüino, una bebida ceremonial fermentada a base de maíz que se sirve en fiestas y rituales ancestrales. En la parte más chihuahuense encuentras la discada norteña cocinada en un disco de arado, la machaca con huevo con tortillas de harina, los burritos rellenos de guisos caseros, la carne seca, los quesos menonitas artesanales, el cortadillo con carne seca y papa, y panes y empanadas menonitas vendidos en los pueblos cercanos. Para acompañar, el sotol es el destilado típico de la región, producido con la planta homónima que crece silvestre por toda la sierra.

