En el sureste del estado de Campeche, cerca del límite con Tabasco, hay un pueblo tan pequeño y pintoresco que la ONU lo eligió como uno de los tres pueblos más lindos de México. Se llama Palizada, es Pueblo Mágico desde 2011, tiene alrededor de 8 mil habitantes y prácticamente todos se conocen entre sí. Está enclavado a orillas del Río Palizada, un brazo del Usumacinta que desemboca en la Laguna de Términos, y su arquitectura es una mezcla única de estilo colonial caribeño con techos de tejas francesas traídas siglos atrás desde Marsella como lastre de los buques que subían el río a comprar maderas preciosas. Es la clase de pueblo donde puedes vivir toda tu vida sin necesidad de subirte al coche, donde el ritmo se marca por la salida y el regreso de los pescadores, y donde los vecinos aún saludan por su nombre a quien pasa por la banqueta.

Las casitas de colores y las tejas francesas
El sello arquitectónico de Palizada son sus casonas coloniales pintadas en tonos vibrantes de rosa, amarillo, azul, verde y ocre. Rematadas por techos de dos aguas con tejas francesas de barro que las hacen ver como si el pueblo hubiera flotado hasta ahí desde el Caribe. La postal más reconocida es el paseo por la Calle 5 de Mayo y el malecón, ambos con vista directa al río y flanqueados por edificaciones históricas restauradas. En el corazón del pueblo está la Iglesia de San Joaquín, construida en 1793, con estilo colonial e interior ornamentado en estilo barroco. También hay una curiosa réplica de la Estatua de la Libertad en el zócalo, y el Parque Benito Juárez con árboles centenarios que dan sombra a las bancas donde los abuelos del pueblo se sientan a platicar por las tardes.

Puedes caminar a todos lados y el ambiente es familiar
Palizada es de esos pueblos donde el auto es prácticamente decorativo. Todo el centro histórico se recorre a pie en apenas 20 minutos de extremo a extremo. Con calles empedradas planas y sin desniveles que las hacen accesibles para adultos mayores. Tienes el mercado municipal a menos de tres cuadras del zócalo, la iglesia principal en el centro mismo, restaurantes locales por todos lados. Papelerías, farmacias, tiendas de abarrotes, un centro de salud y el malecón a orillas del río a solo unos pasos. Al ser tan pequeño, el ambiente es genuinamente familiar: los comerciantes te reconocen después de tu segunda visita, los pescadores te venden el pescado del día directo del muelle, y en las tardes es común ver a los vecinos sentados en las banquetas de sus casas platicando entre ellos como se hacía en México hace décadas.

La gastronomía fluvial y campechana
La gastronomía de Palizada es una fusión brutal entre lo campechano, lo tabasqueño y las tradiciones fluviales del sureste mexicano. El plato más icónico es el pejelagarto asado, un pez prehistórico originario de la región, servido a la parrilla con tortillas de maíz y salsa verde. También hay que probar los tostones, plátano verde machacado y frito hasta quedar dorado. Los plátanos rellenos de carne molida, el caldo de pavo casero, el chocolomo que es un caldo espeso de carne de res con especias regionales, y las famosas empanadas de queso con azúcar que se venden en el mercado desde temprano. La delicadeza local más celebrada es la hueva de topota. También es conocida como el caviar paliceño, un manjar que solo se consigue durante ciertas semanas del año. Los mariscos y pescados de la Laguna de Términos también llegan frescos todos los días al mercado.

Cómo llegar y por qué es perfecto para jubilarse
Para llegar desde la CDMX lo más práctico es tomar un vuelo directo al Aeropuerto Internacional de Villahermosa en un trayecto de aproximadamente 1 hora y media con Aeroméxico, VivaAerobus o Volaris. Y desde ahí manejar unas 3 horas en auto rentado o camión hasta Palizada. La otra opción es volar a Ciudad del Carmen y hacer el resto por carretera. Vivir en Palizada permite tener un presupuesto ajustado con la calidad de vida alta. Rentas mensuales de casas coloniales completas están entre 5 y 10 mil pesos, la despensa es económica gracias al mercado local. El ritmo del pueblo garantiza tranquilidad sin renunciar a servicios básicos como internet, farmacias y centros de salud. Es la escapada ideal para jubilados mexicanos que quieren un ambiente pueblerino auténtico. Con casitas bonitas de patrimonio y todo a un paso caminando, sin las multitudes que ya invaden Mérida, San Miguel de Allende o los pueblos mágicos más famosos.

