Hace poco viajé a Ensenada, en Baja California, para conocer el Valle de Guadalupe, una de las regiones vinícolas más importantes del país. Durante mi estancia aproveché para recorrer algunos viñedos, conocer de cerca la producción de vid y, por supuesto, beber vino a más no poder. Pero también quise explorar la gastronomía de la región y visité un restaurante que me habían recomendado mucho: Olivea Farm To Table.


Olivea Farm To Table: un restaurante con estrella Michelin y una estrella Verde
Cuando llegué a Olivea Farm To Table no tenía ninguna expectativa, hasta que vi la famosa placa roja que indica que el restaurante tiene una estrella Michelin. Poco después descubrí su otro reconocimiento, un logotipo que parece un trébol de cinco hojas y que representa la estrella Verde que la Guía Michelin otorga por su compromiso con la gastronomía sostenible. Mi emoción fue tanta que ya me urgía conocer el restaurante y probar el menú degustación. Pero antes me esperaba otra sorpresa.

En el huerto de Olivea Farm To Table probé una planta que me adormeció la lengua
Antes de entrar al restaurante, el recorrido comienza en el huerto de Olivea Farm To Table, el corazón del lugar. Es un recorrido sencillo, donde el personal explica cuáles son las plantas y vegetales que están cultivando y cuáles ya están utilizando, dependiendo de la temporada. Durante el trayecto probé ciertas plantas, pero la que más causó sensación fue la planta eléctrica, también conocida como botón de Sichuan. Es una pequeña planta o botoncito de color amarillo sin pétalos que, al masticarla, causa una sensación de hormigueo, adormecimiento y efervescencia en la lengua que dura unos 30 segundos. Es una sensación muy loca, pero perfecta para limpiar el paladar.

El menú degustación de ocho tiempos: un viaje por la alta cocina
Finalmente, entré al restaurante y no sé qué me gustó más, si el diseño de interiores o su cava en forma de barrica, pero lo que sin duda destacó fue la amabilidad del personal. Una vez en la mesa, comenzó el menú degustación de ocho tiempos con maridaje. Probé un cangrejo secretaria con helado de aceite de oliva, espinaca, alioli y queso Ramonetti azul; seguido de un tartar de tomates del huerto —mi favorito—. Luego llegó un risotto de semilla de girasol con un sabor muy interesante, entre cangrejo, huevo de codorniz y erizo, un platillo muy único del chef Daniel Nates.

Después probé un apionabo con mole de novia, una berenjena glaseada y un pato laqueado exquisito. Si te gusta el mole, este platillo te va a encantar, pues la consistencia, el sabor y el equilibrio de los ingredientes son un 10/10. Posteriormente llegó un limpiador de paladar y, después, el postre, un crujiente de chocolate y café con helado de barrica y de piñón tostado. Un postre fuerte, honestamente. Al terminar la cena, pude conocer la cocina donde sucede la magia y ver un poco del arte de la alta cocina en un restaurante de Ensenada con estrella Michelin.


