Hoy México cuenta con 177 Pueblos Mágicos reconocidos por la Secretaría de Turismo, pero hubo uno que abrió el camino para todos los demás. El 5 de octubre de 2001, Huasca de Ocampo, en Hidalgo, se convirtió en el primer pueblo de México en recibir este nombramiento, dando inicio a un programa que con los años transformaría la manera de descubrir y recorrer algunos de los destinos más especiales del país. Pero, ¿qué tenía este pequeño pueblo para convertirse en el primero? A continuación te contamos las razones por las que Huasca de Ocampo, un pueblito a dos horas y media de la CDMX, se convirtió en el punto de partida de este exitoso programa.

Prismas Basálticos, Peña del Aire y más: las maravillas naturales de Huasca
Lo primero que vieron en Huasca de Ocampo fue su gran belleza natural. El pueblo está rodeado de bosques de oyamel y formaciones geológicas únicas, como los Prismas Basálticos, considerados una de las 13 maravillas naturales de México. Se trata de imponentes columnas geométricas de basalto de entre 30 y 40 metros de altura, formadas por el enfriamiento lento de lava volcánica hace millones de años. Hoy se pueden recorrer a través de un puente colgante que cruza la cañada o descender hasta la base para contemplar cómo las cascadas bañan las columnas. Pero eso no es todo. También está la Peña del Aire, un mirador natural al borde del gran cañón de la Barranca de San Sebastián, donde una enorme masa rocosa de basalto parece estar suspendida sobre el abismo. Aquí puedes hacer senderismo, lanzarte por una tirolesa que cruza la barranca, dar paseos a caballo o recorrer la zona en cuatrimoto. Otro de los imperdibles es el Bosque de las Truchas, un área natural de manantiales y lagos con paseos en lancha. Puras joyas naturales en Huasca.



en Huasca de Ocampo. Foto: Arturo Verea
La historia minera que hizo de Huasca el primer Pueblo Mágico
La otra razón para elegir a Huasca de Ocampo como el primer Pueblo Mágico del país fue su historia minera, que se remonta al siglo XVIII y dejó un importante patrimonio histórico, como sus antiguas haciendas mineras, donde durante años se procesó el mineral para obtener plata. Una de ellas es la Ex Hacienda de Santa María Regla, construida en el fondo de una barranca en el siglo XVIII por Pedro Romero de Terreros, considerado en su época el hombre más rico del mundo. Fue el primer beneficio de plata de la región y todavía conserva sus acueductos, claustros, bóvedas, antiguos hornos de fundición y una capilla barroca dedicada a la Virgen de Loreto. Hoy funciona como hotel boutique y es uno de los escenarios más fotografiados de Huasca. Otra de las grandes propiedades del Conde de Regla es la Ex Hacienda San Miguel Regla, concebida originalmente como residencia campestre y centro de almacenamiento. Y a esto se suma la Presa de San Antonio, donde permanece sumergida la antigua Ex Hacienda San Antonio Regla. Puedes recorrer la presa en lancha y ver cómo sobresale del agua la torre del campanario de la hacienda.



Duendes, leyendas y misticismo: otra razón para elegir a Huasca
El misticismo particular de Huasca de Ocampo fue otro de los factores que influyeron para elegirlo como Pueblo Mágico. Y es que, de acuerdo con los pobladores, en esta zona hay presencia de duendes o ‘chaneques’, considerados guardianes de la naturaleza. La tradición local mezcla las creencias prehispánicas sobre seres protectores del monte con la devoción a los knockers, los duendes de las minas que trajeron los mineros británicos. Con el tiempo, ambas cosmogonías se entrelazaron y dieron forma a una parte muy particular de las leyendas de Huasca. Todo esto dio lugar al Museo de los Duendes, fundado por la investigadora y narradora Cristina Cortés, quien durante décadas recopiló testimonios de pobladores y campesinos de la región. El museo reúne fotografías de amarres, amuletos y otras historias sobre estos seres fantásticos, todo dentro de una casa de madera en medio del bosque dedicada a la mitología y las leyendas de la sierra hidalguense.

Pastes, trucha y consomé de barbacoa, la gastronomía de Huasca
Y por si Huasca de Ocampo no fuera ya lo suficientemente especial, a todo esto se suma su gastronomía tradicional. En primer lugar están sus famosos pastes, unas empanadas de origen británico que aquí se preparan con rellenos como carne con papa y nabo, frijol, tinga y otros guisados. También está la barbacoa de borrego con su consomé, cocida lentamente en horno de tierra y envuelta en pencas de maguey, que se sirve acompañada de consomé. Y gracias a su entorno boscoso, en las zonas ecoturísticas puedes encontrar truchas preparadas de distintas formas, desde a la diabla y al ajillo hasta al mojo de ajo o empapeladas con finas hierbas. Para beber está el rompope artesanal elaborado en la región. Después de todo este recorrido, queda claro por qué Huasca de Ocampo fue elegido como el primer Pueblo Mágico de México y por qué, más de dos décadas después, sigue siendo un destino tan especial.



