Cuando conocí el pueblo de Manuel Doblado, en Guanajuato, la verdad es que pensé que no tenía nada extraordinario. Hasta que al día siguiente visité su Bosque de Las Musas y me tapó la boca. Pensé: definitivamente, este es el bosque más especial que he visto en mi vida. Parece una exageración, pero es real que nunca había visto un bosque así. No sé si eran los rayos del sol que se colaban entre los árboles altísimos de formas caprichosas o el vapor que salía del río, pero todo me hizo sentir que estaba en un bosque místico, como si ahí habitaran seres mitológicos: duendes, minotauros, aves fénix, hadas, cíclopes y pegasos. Las fotos no le hacen justicia, pero el Bosque de Las Musas es uno de los rincones naturales más hermosos, divinos y sorprendentes no solo de Guanajuato, sino de todo México.


Las Musas: un bosque místico en Guanajuato
Cuesta creer que un bosque tan hermoso haya estado abandonado durante años pero así fue. Hasta que en 2002 el hallazgo de una especie endémica de cangrejo volvió a ponerlo en el mapa e impulsó su rescate y conservación. Hoy es un Área Natural Protegida de más de 3 mil hectáreas, a la que se llega por la carretera Manuel Doblado–Arandas. La historia de su nombre ‘Las Musas’ también parece de cuento. Según una tradición oral, cerca del bosque se encuentra la Ex Hacienda de Atotonilquillo, una de las más antiguas y prósperas de Guanajuato. Se dice que las dos hijas del hacendado, famosas por su belleza, solían visitar este lugar para bañarse y pasear. Sin embargo, un día ambas desaparecieron misteriosamente, sin dejar rastro. Desde entonces, los habitantes comenzaron a llamar al sitio Las Musas, en honor a las jóvenes. Y hay quienes aseguran que por las noches se escuchan sus susurros y cantos, una leyenda que le añade todavía más misticismo al bosque.


Un bosque de árboles centenarios junto al río Colorado y fauna silvestre
Pero más allá de la leyenda, el bosque es simplemente seductor. Se trata de un bosque de galería, un tipo de ecosistema que crece a lo largo de las orillas de los ríos. En este caso, el Bosque de Las Musas serpentea junto al río Colorado, rodeado de enormes árboles centenarios, entre ahuehuetes, fresnos y sauces, que forman túneles naturales de sombra. Sus raíces monumentales también son parte del paisaje y crean un escenario muy distinto al que encontrarías en el resto de la región. Además, este lugar es un santuario de vida silvestre: aquí se han registrado alrededor de 148 especies de fauna, entre ellas 102 especies de aves.


Qué hacer en el Bosque de Las Musas
Cuando lo visites, te recomiendo reservar un buen rato para recorrerlo, porque, como me pasó a mí, seguramente te quedarás un buen rato admirando su belleza. Hay senderos que bordean el río y rincones que querrás fotografiar desde todos los ángulos, así que lleva una cámara o asegúrate de tener suficiente batería en el celular. Los juegos de luz entre el follaje, el río y la niebla matutina crean postales increíbles. También puedes observar aves, como pájaros carpinteros y colibríes. Si sigues caminando hacia el interior, llegarás al acueducto del de la Ex Hacienda de Atotonilquillo, del siglo XVIII, que sorprendentemente sigue funcionando y también merece unas cuantas fotos. Si solo quieres sentarte a apreciarlo, el bosque tiene un área con mesas y sillas bajo los árboles, perfecta para hacer una pausa y desconectarte un rato. Los domingos, algunas familias llegan a pasar el día aquí y también puedes encontrar a algunas señoras vendiendo antojitos como gorditas de horno, quesadillas y café de olla. El acceso es gratuito y puedes visitarlo durante todo el año. Yo me fui con la sensación de haber descubierto un mundo fantástico.



