Aunque la figura de la Catrina fue creada originalmente por el grabador José Guadalupe Posada e inmortalizada por Diego Rivera en uno de sus murales, fue en Capula, Michoacán, donde este personaje cobró volumen y tridimensionalidad a través del arte popular. Hoy, este pintoresco pueblito de casitas de adobe, madera y teja, y alfareros por doquier, es conocido como la Cuna de la Catrina de barro. Se encuentra en el municipio de Morelia, a solo 30 minutos de la capital michoacana, y aunque conocer su tradición artesanal vale la pena durante todo el año, octubre y noviembre son meses ideales para visitarlo, especialmente por su Feria de la Catrina, que atrae a visitantes en busca de piezas únicas para sus altares.


Capula: la Cuna de la Catrina de barro
Pero, ¿por qué Capula es tan bueno en esto? Su vocación alfarera se remonta a la época colonial, cuando se consolidó gracias a las enseñanzas y la organización social impulsadas por el primer obispo de Michoacán, don Vasco de Quiroga. Él fomentó que cada comunidad de la región se especializara en un oficio artesanal y, en Capula, el trabajo con el barro sentó las bases técnicas y culturales de su alfarería tradicional. Y, ¿cómo llegaron las catrinas? En la década de 1970, el maestro Juan Torres tuvo la visión de llevar al barro la icónica calavera de José Guadalupe Posada, conservando sus rasgos elegantes y dándole vida con sombreros floridos y vestidos. En 1980, abrió un taller y fundó una escuela de arte en Capula, donde enseñó esta técnica a otros alfareros de la región. Hoy en día, casi toda la comunidad participa en la elaboración artesanal de las catrinas.



El capulineado: la técnica que hace únicas a las catrinas de Capula
Las catrinas de barro de Capula son piezas únicas, con detalles increíbles en la textura de la piel y la vestimenta que las distinguen de otras representaciones. Una de sus particularidades es el capulineado, una técnica de pintura a mano alzada que requiere muchísima paciencia y precisión, pues consiste en cubrir la superficie del barro con miles de diminutos puntos de pintura. Y lo más bonito es entrar a cada tienda y descubrir que ninguna pieza es igual a otra. Al visitar Capula encontrarás talleres y tiendas de artesanías casi en cada esquina, aunque también puedes darte una vuelta por el Mercado de Artesanías, donde se reúnen decenas de locatarios. Ahí podrás comparar una enorme variedad de estilos, tamaños y precios de catrinas, y aprovechar para llevarte vasos, platos, cazuelas, ollas y todo tipo de piezas de barro.



La Feria Nacional de la Catrina en Capula
Cada año, por estas fechas, Capula celebra la Feria Nacional de la Catrina, que este 2026 se llevará a cabo del 18 de octubre al 3 de noviembre. Por eso, es uno de los mejores pueblos para visitar en la temporada de Día de Muertos. Durante el evento, las calles principales se convierten en una gran galería al aire libre, donde cientos de artesanos exhiben y venden sus mejores creaciones. Además, hay desfiles, concursos artesanales, spots para tomarte fotos con catrinas gigantes, muestras gastronómicas y la oportunidad de visitar directamente los talleres de las familias productoras. Te recomendamos recorrer a pie la avenida Vasco de Quiroga y adentrarte en las calles aledañas. Muchos talleres sacan sus mesas donde puedes ver a los alfareros trabajar las piezas y platicar con ellos para conocer el trasfondo de cada pieza.



Qué más hacer en Capula, además de comprar catrinas de barro
Ya que estés ahí, aprovecha para conocer algunos de los sitios más emblemáticos de Capula, empezando por su Catrina Monumental, una imponente estatua que te da la bienvenida al llegar al pueblo. Después, visita la Plaza Principal y la iglesia de Santiago Apóstol, una construcción del siglo XVI. También vale la pena caminar sin prisa por sus calles, admirar las fachadas coloridas, los tejados de dos aguas y las casonas antiguas, y hacer una pausa para probar antojitos michoacanos como las corundas con crema y salsa, las enchiladas placeras y el atole caliente acompañado de pan de horno de leña.



