Tal vez ya conoces Xochimilco desde el agua, a bordo de una trajinera, pero hay otra forma de explorarlo: desde lo alto. Un poco más allá de los canales se encuentra el Cerro de Cuahilama, uno de los tesoros arqueológicos más interesantes —y menos conocidos— de la CDMX, donde aún sobreviven petrograbados y vestigios muy cerca de la zona chinampera. Este cerro se ubica en el pueblo de Santa Cruz Acalpixca, dentro de la alcaldía Xochimilco, y se llega a él recorriendo las calles empinadas del pueblo. Visitarlo no solo permite conocer antiguos petroglifos y restos arqueológicos, también regala una vista privilegiada de la zona lacustre y, en días despejados, de los volcanes, lo que lo convierte en una gran opción para descubrir otra cara de los encantos de Xochimilco.

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¿Cuál es la historia del Cerro de Cuahilama?
Antes de contarte qué puedes encontrar aquí, vale la pena conocer un poco más sobre la historia y la importancia de este cerro. Cuahilama significa en lengua maya ‘bosque de la anciana‘, y su principal ocupación fue entre los años 1200 y 1521 d.C., cuando funcionó como un importante centro ceremonial y observatorio astronómico para los xochimilcas. Desde aquí se registraban ciclos agrícolas y se realizaban rituales religiosos. Algo interesante es que el cerro no fue elegido al azar pues su ubicación permitía marcar el solsticio de invierno y llevar a cabo ceremonias de fertilidad. Al tratarse de una zona ligada a la agricultura y a las chinampas, muchos de los rituales que se celebraban en el cerro estaban dedicados a pedir lluvias y buenas cosechas.



¿Qué puedes ver en este cerro?
El Cerro de Cuahilama es famoso por los petrograbados tallados directamente en las rocas que se distribuyen a lo largo de su ladera. Representan la cosmogonía y la vida de sus antiguos habitantes. En total se distinguen alrededor de diez petroglifos, entre ellos el Nahui Ollin, que simboliza el Quinto Sol; Cipactli, el cocodrilo o monstruo de la tierra; Xipe Tótec, deidad de la fertilidad y Ocelotl, el jaguar asociado al poder y la guerra. También se pueden observar figuras como el Huacalxóchitl, una flor sagrada de la región utilizada con fines medicinales. Un mapa de Cuahilama donde se registran arroyos, edificios con escalinatas y los caminos que los conectaban, además del Itzcuintli, el perro xoloescuincle. La entrada para verlos es libre y el sitio está abierto al público las 24 horas pero las figuras se encuentran protegidas por rejas para su conservación.



Sube a la cima del Cerro Cuahilama
Después de recorrer los petrograbados, la recomendación es subir hasta la cima del cerro, ya que es parte esencial de la experiencia. Para llegar a la parte más alta solo hay que seguir el sendero que comienza cerca de los primeros petrograbados; la subida es tranquila y combina tramos con escalinatas de piedra y otros que son simplemente veredas de tierra y roca. El ascenso toma entre 20 y 30 minutos si caminas a un ritmo relajado. A lo largo del camino y en la cima se conservan restos de antiguas estructuras arqueológicas, como plataformas y cimientos de lo que fueron adoratorios y un observatorio astronómico. Y como recompensa, la vista también es parte del encanto: desde lo alto se observan los canales de Xochimilco, el pueblo de Santa Cruz Acalpixca y, en días despejados, los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. No te extrañes si ves a gente del pueblo subiendo y bajando, ya que para muchos este sendero funciona como un camino vecinal para acortar distancias entre barrios.


Una última parada en tu visita: el Museo Arqueológico de Xochimilco
Para cerrar la visita, vale la pena sumar una parada más: a solo unas calles del cerro se encuentra el Museo Arqueológico de Xochimilco, ubicado en una antigua casa porfiriana. Aunque es pequeño, resguarda un acervo de más de 2,400 piezas que ayudan a entender quiénes habitaron esta zona. Aquí no solo encontrarás objetos vinculados a los xochimilcas, sino también restos mucho más antiguos, como fósiles de mamuts y mastodontes hallados en la región. Además de esculturas prehispánicas de piedra, figuras de deidades como Tláloc y Quetzalcóatl, y herramientas de la vida cotidiana. El museo está rodeado de jardines donde también se pueden ver monolitos y esculturas al aire libre; abre de martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas y la entrada cuesta solo $14 pesos. Así que si quieres conocer una cara distinta y poco explorada de Xochimilco, esta combinación de cerro y museo es una gran manera de hacerlo.



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