Qué fortuna es encontrar edificios que nos permiten asomarnos a otras épocas. En la colonia Roma, entre calles llenas de restaurantes y propuestas contemporáneas, encontramos Gran Cantina Filomeno ubicada en una casona porfiriana de más de 100 años que conserva buena parte de la elegancia de aquellos tiempos. La sorpresa es que no solo está bien conservada por fuera, sino que esa esencia también se mantiene en su interior. Su arquitectura, su ambiente, su cocina y las experiencias que recuperan el espíritu de las antiguas cantinas mexicanas hacen de este lugar un viaje de vuelta a la época del Porfiriato.


De Alfonso Reyes y Octavio Paz a una cantina en la Roma
La casona donde se encuentra Gran Cantina Filomeno fue construida a principios del siglo XX por el arquitecto Daniel Ruiz Benítez, con un estilo ecléctico que combina sillares de piedra, una escalinata doble con columnas de mármol, vitrales originales y balcones que se asoman a una de las plazas más emblemáticas de la ciudad: la Plaza Río de Janeiro. A lo largo de su historia, el edificio ha tenido múltiples vidas: primero fue una casa habitación; después, la sede fundacional de El Colegio de México, donde estuvieron los despachos de Alfonso Reyes y Octavio Paz; más tarde funcionó como colegio para señoritas y, durante más de tres décadas, albergó la Galería OMR.



Gran Cantina Filomeno: un museo-restaurante lleno de piezas de época
Antes de convertirse en restaurante, la casa fue totalmente restaurada con un profundo respeto por su historia. Se recuperaron detalles originales, como los paneles de madera pintados a mano y los vitrales centenarios. La decoración incorpora más de 150 piezas originales de época. Entre ellas hay una vitrina victoriana de botica del siglo XIX, candiles de cristal austriaco en bronce, paneles de madera con detalles en oro y plata, y vajilla de Talavera y barro. El nombre de la cantina también tiene una historia detrás: toma su nombre y narrativa de la novela Filomeno, escrita por el anticuario Daniel Liebsohn, que retrata las aventuras de un charro en el México porfiriano. En la barra destaca un retrato de este personaje fechado en 1909. Todo esto hace que Gran Cantina Filomeno funcione como un museo-restaurante, donde además de comer y beber, puedes conocer el espíritu de la época que inspiró al lugar.



Comida, tragos y experiencias de una antigua cantina
Y aún nos falta hablar de la comida. Al igual que el lugar, el menú busca revivir los clásicos de las antiguas cantinas mexicanas, pero con una mirada contemporánea. De entrada te reciben con un consomé con vino de Jerez, después llegan clásicos como los sopes de tuétano, el guacamole con panceta, los tacos de chamorro y el cóctel de camarón estilo Acapulco. Entre los platos más icónicos está el pescado en costra de sal y su icónico flan. A esto se suman cócteles clásicos, vinos y destilados. Pero la experiencia no termina en la mesa. La casa es grande y tiene diferentes espacios para disfrutarla: un salón con mesa de billar, una terraza a pie de calle que de día está muy a gusto, un bar vintage y hasta un espacio para puros. También hay experiencias muy de cantina, como jugar dominó y cubilete en la mesa o pedir que te lustren los zapatos. Hay música en vivo con trío y mariachi, piano y hasta una conexión con un speakeasy de jazz. Así que, entre la comida, los tragos y todo lo que sucede alrededor, Gran Cantina Filomeno es para disfrutar la experiencia completa.
Dirección: Plaza Río de Janeiro 54, Roma Norte, Cuauhtémoc



