Al borde de la barranca de Los Jilgueros, el Pueblo Mágico de Zacatlán de las Manzanas se esconde entre la neblina. Para quienes adoran las tardes lluviosas que invitan a quedarse dentro a leer un libro y tomar café y un postre, este pueblito en las montañas en el norte de Puebla, con su clima templado con una temperatura promedio de 14 grados centígrados, es un refugio que parece sacado de un cuento de hadas. Zacatlán es famoso por muchas cosas: el Valle de Piedras Encimadas, el Convento Franciscano, las cascadas y su tradición relojera. Sin embargo, pocas cosas son más emblemáticas que las mermeladas y conservas de frutas de Zacatlán de las Manzanas.


La tradición frutal de Zacatlán de las Manzanas
La historia de este pueblo en las montañas de Puebla se remonta a la época prehispánica, cuando los zacatecas habitaban la zona. Pero con la llegada de los españoles, los misioneros franciscanos fundaron un convento e impulsaron el cultivo de manzanas, el cual eventualmente derivó en el nombre ‘Zacatlán de las Manzanas’. Hasta el día de hoy, es uno de los principales productores de esta fruta en México. Y no solo se trata de manzanas frescas: este destino también es famoso por su sidra, hojaldres, compotas y mermeladas.


A pesar del nombre, la producción de dulces en Zacatlán de las Manzanas no se limita a esta fruta. Encontramos también naranja, higo, calabaza, tejocote, pera, ciruela, chabacano, mora azul y camote. Todo transformado en mermeladas, conservas y vinos para regresar con las maletas llenas de frascos de cristal para regalar o tener de reserva en casa. En paralelo, el pueblo también cuenta con una importante producción de miel de abeja que se usa para preparar postres como crepas y galletas.

Café de Zacatlán para las tardes de lluvia
Pero Zacatlán de las Manzanas no es solo mermeladas y galletas. Este pueblo también destaca por su producción de café. De hecho, Zacatlán es parte de la Ruta del Café por la Sierra Norte de Puebla, la cual consolida un viaje imperdible para los amantes de esta bebida. Así, se completa la trilogía perfecta de las tardes acogedoras: lluvia, postre y una taza de café. Además de cultivarlo, también hay varias tostadoras y cafeterías que contribuyen a ese aroma tan característico que inunda las calles cuando la neblina baja. Aparte de los métodos tradicionales, en Zacatlán también venden un delicioso licor de café para que también lleves de regreso a casa.


