En los bosques de pino-encino que cubren las sierras mexicanas ocurre cada año un fenómeno gastronómico que pocos aprovechan. Entre julio y octubre, con las lluvias en su punto más alto, los suelos se llenan de hongos y setas silvestres de todos los colores. Se le llama «Hongosto» por la combinación de «hongo» y «agosto». Es la temporada dorada para probar variedades de una biodiversidad brutal: México tiene cerca de 200 mil especies de hongos, muchas de ellas comestibles y con sabores únicos. Los pueblitos serranos organizan festivales, rutas micoturísticas y muestras gastronómicas donde puedes recolectar tus propios hongos con guías expertos, aprender a identificar las especies comestibles y comerlos preparados por las cocineras tradicionales. Aquí van cuatro pueblitos donde el Hongosto se vive con intensidad y donde puedes escapar el fin de semana para conectar con el bosque. Advertencia: nunca recolectes ni consumas hongos silvestres sin un experto local. Las intoxicaciones pueden ser mortales.
Senguio, Michoacán
Senguio, en el norte de Michoacán, es la capital indiscutible del Hongosto. Cada agosto celebra la Feria del Hongo, una de las tradiciones con mayor trayectoria del país. En 2026 llegó a su edición número 29. El pueblo está enclavado en la Sierra Madre Oriental, entre bosques densos de pino-encino que producen decenas de especies comestibles: pambazo, yemita, clavitos, huitlacoche, setas de encino y hongos oreja de palo. Durante los tres días del festival puedes hacer recorridos guiados por el bosque con recolectores locales, asistir a exposiciones micológicas, comprar hongos frescos directamente a los productores y probar decenas de guisos regionales. Senguio también es punto de entrada al Santuario de la Mariposa Monarca entre noviembre y marzo. Está a poco más de dos horas y media en coche desde la CDMX.

Cuajimoloyas, Oaxaca
Cuajimoloyas es una comunidad zapoteca de la Sierra Norte de Oaxaca, a unos 3,200 metros de altitud. Es uno de los ocho Pueblos Mancomunados que administran turísticamente sus propios bosques comunitarios de manera sustentable. Ofrecen rutas micoturísticas donde los visitantes recolectan hongos con guías locales certificados que llevan décadas identificando especies silvestres. Después de la caminata, las cocineras tradicionales preparan los hongos recién recolectados en formatos como sopas con epazote, quesadillas de hongos silvestres, tamales con setas y hierbas, y guisos serranos con chile pasilla. También hay hospedaje en cabañas ecoturísticas manejadas por las mismas familias del pueblo. La experiencia dura entre uno y tres días. Es una de las formas más auténticas de vivir la gastronomía comunitaria oaxaqueña sin filtros ni intermediarios.

San Miguel Canoa, Puebla
En las faldas del volcán La Malinche, San Miguel Canoa celebra cada año la Feria de los Hongos Silvestres, que en 2026 llegó a su octava edición. Los recolectores locales, herederos de saberes ancestrales, enseñan a los visitantes a caminar por el bosque con respeto y a identificar más de 22 especies comestibles documentadas. Entre ellas destacan el quexque o hongo azul, la oreja de puerco, el pancita, la escobeta y el xochilnanácatl.

Nanacamilpa, Tlaxcala
En Tlaxcala, Nanacamilpa también forma parte del circuito micoturístico. Es más famoso por las luciérnagas en junio y julio, pero durante el Hongosto sus bosques de coníferas producen igual variedad de especies silvestres. Tanto San Miguel Canoa como Nanacamilpa son dos destinos que están a menos de dos horas y media en coche desde la CDMX. La combinación perfecta para una escapada larga de fin de semana. Ahí se preparan tamales de hongos con salsa verde, el huitlacoche va en quesadillas, sopas y tacos con crema. Para acompañar, un buen atole de masa o café de olla con canela y piloncillo.

