La última vez que fui a Puebla decidí dejar un rato las iglesias y conocer otro de los grandes orgullos de la ciudad: su talavera. Y qué mejor lugar para aprender sobre este tipo de cerámica que uno de los talleres más antiguos de México y Latinoamérica: la Fábrica Uriarte Talavera, que abrió en 1824 y ha operado de forma ininterrumpida durante más de 200 años. Además, la fábrica es preciosa: está instalada en una casona porfiriana en el centro histórico de Puebla, con un patio central y, por supuesto, talavera por todos lados. Durante mi visita hice un recorrido guiado por la fábrica, donde pude conocer a los maestros alfareros y pintores y ver de cerca cada etapa del proceso y al final me llevé un gran recuerdo a casa. Aquí te cuento cómo fue la experiencia.


Todo lo que hay detrás de una pieza de talavera
Al ser la primera fábrica de talavera en certificarse, Uriarte Talavera debe seguir rigurosamente una serie de ‘ordenanzas gremiales’ establecidas desde el periodo virreinal para que una pieza pueda ser considerada talavera original. Esas reglas se traducen en un proceso minuciosamente artesanal que se percibe desde que empieza el recorrido. Lo primero que nos enseñaron fue a identificar los diferentes tipos de barro que utilizan y cómo se moldean a mano en el torno. Después fuimos avanzando por las distintas secciones para conocer el primer horneado, el esmaltado y otras etapas que van dando forma a cada pieza. También pudimos ver herramientas antiguas utilizadas por los primeros maestros alfareros, además de grandes tibores, vasijas históricas y los hornos que se utilizaban antiguamente.


Aquí descubrí cómo se pinta la Talavera
Aunque todo esto ya me parecía fascinante, todavía faltaba conocer algunas de las partes más delicadas del proceso, como el estarcido. Para explicarlo de manera sencilla, es como hacerle un tatuaje a la pieza: el diseñador perfora cuidadosamente el borde del diseño para después calcarlo sobre la superficie. Y entonces viene la pintura. Los colores también son una locura: se obtienen a partir de minerales que se muelen y mezclan con agua hasta conseguir los pigmentos que se utilizarán para pintar. Cada maestro trabaja con pinceles de pelo de caballo y me pareció fascinante verlos trabajar con tanta concentración y, sobre todo, la precisión con la que dominan la técnica. Una vez pintadas, las piezas pasan por un último horneado y si todo sale bien, reciben la firma que certifica su autenticidad.


La parte más divertida: pintar mi propia pieza
En total, el recorrido por la fábrica dura aproximadamente una hora. Pero la visita también incluye un vistazo a la colección privada de Uriarte Talavera, con piezas que van desde el periodo colonial hasta las vanguardias artísticas contemporáneas, además de colaboraciones con artistas reconocidos, piezas conmemorativas y obras que han recibido reconocimientos internacionales. Y todavía faltaba mi parte favorita: el taller de pintura. En el jardín central de la fábrica instalan una mesa llena de platos de Talavera en blanco y ahí eliges el molde y los colores que quieres utilizar. Un maestro artesano nos acompañó durante todo el proceso y nos fue asesorando mientras pintábamos. Yo lo disfruté muchísimo y, aunque mi plato evidentemente no quedó ni remotamente parecido a los que hacen los maestros, me divertí y aprendí un montón sobre la Talavera ese día. El recorrido por la fábrica tiene un costo de $150 por persona de lunes a viernes pero los sábados cuesta $200. Y si quieres añadir el taller de pintura, tiene un costo de $1,000 por persona. Eso sí, como la pieza todavía tiene que pasar por el último horneado, te la entregan cinco días hábiles después. La verdad es que, después de todo lo que aprendí y tener en casa un plato que yo misma pinté, la talavera tomó un significado especial en mi vida.
Dirección: Av. 4 Poniente 911 Centro Histórico de Puebla


