Viajar es una forma de conectar con el mundo. En este sentido, lo que comemos cuando salimos de casa es mucho más que solo un sustento para darle energía al cuerpo. Se trata de patrimonio, herencia y cultura: una experiencia sensorial que nos abre las puertas a descubrir un territorio y su gente. Como todo, el Programa de Pueblos Mágicos tiene sus pros y sus contras. Por un lado, ha puesto los reflectores sobre algunos de los destinos más especiales del país para promover y compartir su valor cultural y natural. Por el otro, esto también ha expuesto a los pueblos a la turistificación, que poco a poco ha erosionado las caras más únicas y auténticas de su identidad. Sin embargo, proyectos como el restaurante Kinich en Izamal —uno de los Pueblos Mágicos más famosos de Yucatán— hacen un trabajo enorme para preservar las tradiciones y honrar las raíces mayas.


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Una carta de amor a la cocina maya
Ubicado en el punto medio entre el Convento de San Antonio de Padua y la pirámide Kinich Kak Moo en el corazón de Izamal, Kinich es un restaurante que celebra el legado maya de la zona. Esto no se limita a las recetas, sino también a los ingredientes que utilizan y al impacto social que generan en la comunidad. La cocina de Kinich invita a hablar de tradiciones, cultura, arte, orígenes, familia, herencia y conexión con la tierra. Por esta razón, desde hace poco más de una década, el Conservatorio de la Gastronomía Mexicana —avalado por la UNESCO– reconoce a Kinich por su labor en la preservación y promoción de la gastronomía yucateca.


En el menú encontrarás desde el clásico Sikil P’ak —una pasta de origen maya hecha con pepita molida con tomate asado— hasta el Venado Almendrado —carne deshebrada de venado cola blanca, horneado al pib y sofrito con una salsa de almendras, chiles y recado rojo—, pasando por una variedad de antojitos yucatecos como panuchos, salbutes y sopa de lima. Para un final dulce, preparan helados artesanales con frutas naturales de la región, así como flan de queso de bola y dulce de papaya —papaya verde cocinada en almíbar de azúcar y canela durante una semana, servida con queso de bola holandés—.

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El huerto y el traspatio
Como ya mencionamos, Kinich celebra la tierra desde el origen. Es por eso que desde 2022, muchos de los ingredientes que se usan en el restaurante provienen de Huerto Kinich. Este espacio no solo tiene una función productiva, sino que además se dedica a la agricultura sostenible, la educación ambiental y la preservación de semillas nativas. Asimismo, en 2025 se expandió para incluir también un Huerto Medicinal. Así, se fortalece un modelo de turismo de bienestar y conocimiento ancestral. Otro de los ingredientes básicos de la cocina es el maíz nativo, el cual compran a través de Traspatio Maya, un proyecto que vincula a los productores rurales alrededor de la península a mercados justos.

Miriam Azcorra: la empresaria yucateca detrás de Kinich
Kinich nació en 1993, mucho antes de que Izamal se convirtiera en el destino turístico que es hoy. Ya desde ese momento, la empresaria yucateca Miriam Azcorra apostó por un proyecto que resguardara el patrimonio gastronómico yucateco para generar valor económico local y fortaleciera la identidad cultural. Desde entonces, ese ha sido el faro que guía la evolución del restaurante. A lo largo del camino se ha convertido en un referente de emprendimiento con propósito y desarrollo turístico sostenible, preservando así el lado más auténtico y vivo del Pueblo Mágico de Izamal.

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