En 1972, la Conferencia General de la UNESCO aprobó un proyecto dedicado a conservar y proteger el Patrimonio Mundial, Cultural y Natural. Este entró en vigor en 1975. En 1987, Teotihuacán se convirtió en el primer sitio de México en entrar a la lista de Patrimonio Mundial por su relevancia histórica y cultural. Siempre es buen momento para recordar por qué no solo es digno de este nombramiento, sino también que tal vez ya sea hora de volver a visitarlo —y más considerando que se encuentra a solo una hora de la CDMX—.


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Una de las ciudades más grandes de la antigüedad
Ubicada en el altiplano central de México, Teotihuacán fue uno de los mayores asentamientos urbanos de la antigüedad. Aunque gran parte de su historia sigue siendo un enigma —sobre todo las razones detrás del abandono de la ciudad—, también ha jugado un papel clave para entender la cosmogonía y las dinámicas políticas y sociales de otras culturas prehispánicas posteriores. Por supuesto, todo esto ha influido a su nombramiento como el primer sitio Patrimonio de la Humanidad en México.

Su fundación se rastrea en el siglo II a.C., y se sabe que cerca de estas fechas, reemplazó a Cuicuilco como el mayor asentamiento de la Cuenca de México. De hecho, se piensa también que, quizá debido a las erupciones del Xitle, muchos de los habitantes de Cuicuilco se trasladaron al Valle de Teotihuacán. Se estima que en su momento de mayor esplendor, Teotihuacán llegó a albergar hasta 100,000 habitantes.

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Teotihuacán: la ciudad de los dioses
Curiosamente, el nombre original de este sitio sigue siendo un misterio. La palabra ‘Teotihuacán’ es de origen náhuatl, y significa ‘lugar donde se crearon los dioses’. Este nombre, otorgado no por los propios teotihuacanos, sino por los mexicas siglos después, viene de una famosa leyenda relatada en el Códice Chimalpopoca. Y es que, según esa historia, fue aquí donde se creó el Quinto Sol, el cual alumbraría el mundo donde florecería la humanidad.

La leyenda del Quinto Sol
Según esta leyenda, para crear el Quinto Sol, era necesario que un dios se sacrificara arrojándose al fuego. El primer voluntario fue Tecuciztecatl, un dios soberbio y despiadado. Sin embargo, los demás dioses le pidieron a Nanahuatzin, un dios humilde y compasivo, que fuera él quien se convirtiera en el nuevo astro. Según el relato, fue entonces cuando se construyeron las pirámides del Sol y de la Luna, y en medio se encendió una gran hoguera a la que saltaron ambos dioses. Fue así como Tecuciztecatl se convirtió en la luna, y Nanahuatzin, en el sol.

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Qué ver en Teotihuacán
Si creciste en la CDMX, seguramente recuerdas los paseos escolares a Teotihuacán. Sin embargo, nunca está de más una visita con una mirada adulta para refrescar la memoria y dejarse sorprender una vez más —no por nada fue el primer sitio en México en considerarse Patrimonio Mundial—. Por supuesto, las estructuras más famosas son las Pirámides del Sol y de la Luna. Aunque está prohibido subir a la primera, el acceso a la segunda se abrió parcialmente hace algunos meses. También vale la pena conocer el Templo de Quetzalcóatl, caminar por la Calzada de los Muertos, y descubrir los conjuntos Oeste y de La Ventilla, el Gran Complejo y los palacios de Tetitla, Atetelco, Tepantitla, Yayahuala y Zacuala.

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