Cuando ya te aburriste del cine, este plan a dos horas de la CDMX tiene murales milenarios que sorprenden

Aunque muchas de las ciudades más importantes de México se remontan a la época de la Conquista, nuestro país está lleno de vestigios arqueológicos que nos recuerdan que la historia y la cultura van mucho más atrás. Antes de la llegada de los españoles, distintos grupos habitaron el territorio, estableciendo vínculos y relaciones cuyo legado todavía estamos descubriendo. En Tlaxcala, a menos de dos horas de la CDMX, sobre la carretera a Puebla, Cacaxtla es una de las zonas arqueológicas más fascinantes del centro del país, donde se conservan murales de más de mil años de antigüedad.

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Foto: Joao D’Andretta : Shutterstock.com
Zona Arqueológica de Cacaxtla en Tlaxcala
Zona Arqueológica de Cacaxtla, Tlaxcala. Foto: Shutterstock

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Cacaxtla, una ciudad de comerciantes

La zona arqueológica de Cacaxtla se descubrió en 1975, cuando los habitantes del poblado de San Miguel del Milagro dieron con los murales mientras labraban la tierra. A pesar de que estas pinturas milenarias nos hablan de que aquí se encontró un importante complejo ceremonial prehispánico, el nombre que se le dio proviene del nahua ‘cacaxtli’, que hace referencia a la canasta que los comerciantes llevaban sobre la espalda para transportar sus mercancías. Y es que el comercio no solo fue una de las actividades más importantes de la zona, sino que Cacaxtla fue uno de los grandes centros comerciales en Mesoamérica. Esto significó, entre muchas otras cosas, un gran intercambio económico y cultural con otras regiones y civilizaciones, lo cual es evidente también en sus murales.

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Foto: Joao D’Andretta : Shutterstock.com

Las ‘capas’ de los edificios de Cacaxtla

Se sabe que Cacaxtla estuvo poblada por grupos olmecas-xicalancas que llegaron del sur. El periodo de mayor esplendor fue entre el 600 y el 900 d.C., es decir, poco después de la decadencia de Teotihuacán. Afortunadamente, en Cacaxtla se utilizó el mismo estilo de construcción que podemos encontrar en muchos otros lugares de Mesoamérica. Y es que en lugar de destruir los edificios antiguos para construir los nuevos, lo que se hacía era agregar ‘capas’ que dan fe de las distintas etapas constructivas que se llevaron a cabo durante 300 años. Gracias a esto, los murales de las etapas más antiguas pudieron conservarse en muy buenas condiciones durante varios siglos.

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Foto: Joseph Sorrentino : Shutterstock.com

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Los murales de Cacaxtla

Dentro de la zona arqueológica de Cacaxtla se encuentra un área conocida como el Gran Basamento. Se trata de una gran plataforma sobre la cual estaban construidos algunos de los edificios más importantes de la ciudad, los cuales muestran siete etapas constructivas. Es ahí donde se encuentran los famosos murales de Cacaxtla. Las más antiguas se encuentran en el Templo de Venus, plasmados sobre dos pilares donde se muestran un sacerdote y una sacerdotisa de piel azul. La figura masculina tiene cola de alacrán con un aguijón negro, un símbolo presente en la iconografía maya. 

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Otro de los murales más importantes de Cacaxtla es el Mural de la Batalla, que data aproximadamente de entre el 650 y el 700 d.C. Como su nombre lo indica, lo que representa es un combate entre dos bandos. El dominante puede relacionarse con los antiguos habitantes del Altiplano Central —con lanzas y pieles de jaguar—, mientras que el sometido es aparentemente de origen maya —con joyas y tocados—. Curiosamente, los análisis más recientes indican que probablemente esta escena no se relaciona con la guerra, sino con un ritual de sacrificio en honor al dios del maíz.

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En la zona arqueológica hay otros murales que definitivamente merecen un análisis cuidadoso. Por ejemplo, los del Hombre-pájaro y el Hombre-jaguar, o el mural del Templo Rojo, donde se representa a un anciano que porta pieles de jaguar. Alrededor de este último fueron plasmadas mazorcas de maíz con rostros humanos de rasgos mayas.

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Foto: Joao D’Andretta : Shutterstock.com

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