Las iglesias católicas suelen llamar la atención por su arquitectura antigua y ostentosa, pero, aunque no lo creas, en pocas ocasiones también han sacado su lado más moderno. Un buen ejemplo de esto es la Iglesia de San Ignacio de Loyola, un templo jesuita de estilo modernista ubicado en Polanco. No solo es un punto de referencia religioso y cultural, sino también un hito arquitectónico por su diseño vanguardista. Este templo está a solo una calle del Palacio de Hierro, justo en la esquina de Horacio y Molière. Se esconde entre los árboles de la zona, y tal vez ya lo hayas visto sin darte cuenta: tiene una forma triangular muy llamativa y está cubierto de cerámica amarilla. Podrías haber pensado que era una escultura abstracta, pero en realidad es algo mucho más inesperado: una iglesia.

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Un ícono modernista en Polanco: así nació la Iglesia de San Ignacio de Loyola
La edificación de la Iglesia de San Ignacio Loyola tiene una historia muy interesante. La Compañía de Jesús quería levantar una capilla estudiantil para el ahora desaparecido Instituto Patria, con la idea de atender la vida espiritual del alumnado. Su construcción comenzó en 1957 y fue inaugurada en julio de 1961, dedicada a San Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas. El proyecto estuvo a cargo del reconocido arquitecto Juan Sordo Madaleno, quien además dejó huella en la ciudad con obras como el Hotel Sheraton María Isabel en Reforma y el imponente Palacio de Justicia Federal en San Lázaro. Para este templo, Sordo Madaleno apostó por un diseño esencialista y geométrico, creando una estructura triangular, esbelta, en forma de triángulo isósceles que acentúa la verticalidad y recuerda la fascinación gótica por las alturas. En su momento, fue una de las obras más representativas de la modernidad que vivía la CDMX en los años 60.



El arte en la Iglesia de San Ignacio de Loyola
El diseño innovador de esta iglesia combina una estructura metálica que sostiene secciones de concreto armado. Estos paneles están revestidos con azulejos vidriados que evocan la Talavera poblana, creando un puente visual entre la modernidad tecnológica y la tradición artesanal mexicana. En el interior, destacan tres vitrales multicolores de 25 metros de altura que llenan el espacio de luz y color, resaltando aún más la forma triangular del edificio. Por dentro la estética abstracta se mantiene: hay pocos elementos decorativos, creando un ambiente ideal para la meditación. Y sobre el altar destaca un Cristo monumental, obra del artista y arquitecto tapatío Claudio Favier Orendain.


Una iglesia como pocas en la CDMX
Desde su inauguración, la iglesia logró su cometido: convertirse en un punto de encuentro espiritual para las nuevas generaciones que llegaban a Polanco, una colonia que en aquellos años aún no estaba repleta de edificios altos, lo que hacía que este templo destacara aún más. ¿Te imaginas a las parejas que se casaron ahí en esos primeros años? Con el paso del tiempo y la lluvia, la estructura sufrió algunos daños, pero en 2005 fue restaurada tanto por fuera como por dentro, incluyendo sus icónicos vitrales, que hoy siguen siendo uno de los principales atractivos del lugar. Por su valor arquitectónico y simbólico, el INBA la ha catalogado como un testimonio artístico e histórico de la CDMX. Y seas creyente o no, vale la pena visitarla pues es una iglesia como pocas.
Dirección: Av. Horacio y Moliere, Polanco I Secc, Miguel Hidalgo


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