Hay algo en la forma en que las abuelitas cocinan que nadie más puede replicar. Ese arroz que se hace con tiempo, ese caldo de pollo que hierve a fuego lento toda la tarde –mi abuelita me regañó una vez que le dije que había hecho una sopa en 30 minutos, pues a ella le llevaba mínimo 2 horas–, ese guisado que huele desde que llegas de la escuela directo a su casa. Mi abuelita no tienía prisa. No miraba el reloj para medir los tiempos de cocción, pues ella sabía exactamente el punto en el que estaba lista la comida.

Ella aprendió todo lo que sabía de cocina al ver cocinar a su mamá –originaria de Puebla, así que ya se imaginarán el repertorio de recetas y el sazón que tenía–, además de que su hobby número uno era ver programas de cocina y comprar las revistas de recetas que encontraba en el Sanborns o en el supermercado. Cocinaba al ritmo de otra época, donde todo era distinto y cosas se hacían bien aunque tardaran. Pero sobre todo, cuando la comida era sinónimo de amor, cariño y cuidados hacia los niños y la familia.

Al igual que la mía, muchas abuelitas fueron nuestras segundas madres. Las que nos cuidaron mientras mamá trabajaba, las que nos recogían de la escuela, las que nos preparaban la comida y nos procuraban con todo lo que necesitábamos. Las que nos dieron su casa, su comida y su tiempo sin pedir nada a cambio. Este Día de las Madres les toca a ellas. Y se merecen un lugar tan especial como lo que nos han dado. No cualquier restaurante. Uno que les recuerde a cuando ellas mismas fueron cuidadas. Con patios de piedra bajo árboles centenarios, salones donde el tiempo se detuvo en otra época y tríos que tocan boleros mientras comes.

Estos son los restaurantes que le encantaban a mi abuelita de la CDMX, y ella tenía estándares bastante exigentes tanto para comida como para ambiente. Estoy segura de que si tú tienes la fortuna de tener a la tuya todavía, le encantará compartir contigo un desayuno, una comida o una cena en estos restaurantes –o en cualquiera, porque honestamente lo que hace especial cada lugar para ella seguramente es, que va contigo.
Casa Portuguesa– Me insistía de ir ahí en lugar de a los lugares hipsters de la Roma
Me acuerdo de una vez en la que yo insistía en que mi abuelita me acompañara a uno de esos restaurantes hipsters de la Roma-Condesa. Al salir, ella me dijo bastante segura ‘la próxima vez vamos a Casa Portuguesa de Polanco, te va a gustar más’. Y sí, Casa Portuguesa es un acierto para ellas porque tiene 25 años sirviendo platillos reconfortantes sin tanta pretensión ni inventos contemporáneos, algo que a las abuelitas les encanta. Tiene terraza con vista al Parque Lincoln –perfecto para que tu abuelita se siente a ver la gente pasar– y los sábados por la noche hay fados en vivo que te transportan a las calles empedradas de Lisboa. Ideal para desayunar y quedarse hasta el mediodía platicando. Pidan el bacalao al horno o el bacalao con natas y la sopa de piedra.
Dirección: Av. Emilio Castelar 111, Polanco, Miguel Hidalgo.


Molino Viejo– Amaba quedarse viendo a la gente jugar golf mientras tomaba algo
Molino Viejo es de esos lugares que te da paz absoluta apenas llegas. Está en una ex-hacienda rodeada de más de tres mil metros cuadrados de jardines perfectamente cuidados, árboles viejos y un campo de práctica de tiro de golf que será el ‘spot’ perfecto de tu abuelita para tomar un tequila o un cóctel mientras ve cómo juegan. Es el tipo de lugar donde va a querer quedarse todo el día. El restaurante es al aire libre, y en su menú destacan los cortes al carbón, el guacamole con chicharrón regio y las sopas –la de cebolla le encantará a tu abuelita-. No es un lugar ‘de toda la vida’ pero sí uno que combina todo lo necesario para un plan familiar de esos que todos extrañamos a veces.
Dirección: Paraje del Molino Viejo, Ex-Hacienda de Jesús del Monte, Huixquilucan.

Casa O– Le encantaba el estilo de la casa y los desayunos reconfortantes
Casa O tiene esa cocina europea con ingredientes mexicanos que suena sofisticada pero se siente reconfortante. Tiene comedor al aire libre, chimenea para días frescos, y un menú de desayunos que va desde chilaquiles hasta omelettes con queso de cabra. Es ideal para ir a desayunar con tu abuelita: sus huevos árabes, sus huevos benedictinos y su pan dulce son motivo de poner los ojos en blanco con cada bocado.
Dirección: Monte Líbano 245, Lomas de Chapultepec.

Au Pied de Cochon– Le recordaba a París y lo sugería siempre para ocasiones especiales
Este lugar era el favorito de mi abuelita cuando deseaba celebrar una ocasión especial. Desde el 2000 trajo el concepto parisino a la Ciudad de México, y se convirtió en un clásico de Polanco. Está dentro del Hotel Presidente InterContinental, con terraza techada y ese ambiente francés que a las abuelitas de otra generación les encanta. El plato estrella es la sopa de cebolla —de esas que llevan queso gratinado encima—. Tiene barra de ostras y camarones frescos, y la carta de vinos franceses es impecable. Perfecto si prefieres llevarla a cenar en petit comité.
Dirección: Campos Elíseos 218 (Hotel Presidente InterContinental), Polanco.

Hacienda de Los Morales– Amaba ir con todos sus hijos y nietos ahí
Esta hacienda del siglo XVI es de esos lugares que te sacan de la ciudad sin salir de ella, pero sobre todo, es de los que mejor transportarán a tu abuelita a otra época. Patios con jardines perfectamente cuidados, corredores de piedra, techos altos y esa atmósfera que te hace sentir que estás en otra época. El menú mezcla cocina mexicana con internacional. Para desayunar, prueben las enmoladas rellenas de pollo con mole artesanal elaborado en la hacienda o los chilaquiles con pollo. Y si van más tarde, el chile en nogada –que preparan todo el año– es de los mejores que vas a probar.
Dirección: Juan Vázquez de Mella 525, Polanco.

San Ángel Inn– Se enamoraba otra vez al oír la música en vivo mientras comía
Desde 1963, San Ángel Inn ha sido ese lugar donde el tiempo se detiene al cruzar sus portones de madera. Está en una hacienda del siglo XVII considerada monumento colonial, con jardines llenos de flores, árboles viejos y fuentes coloniales. El restaurante es famoso por su cocina mexicana e internacional. Desde ceviches hasta pato horneado con salsa de zarzamora. La sopa azteca, el bisque de langosta y los huevos benedictinos son clásicos de la casa. Las margaritas servidas en martineras de plata son una tradición que nació ahí. Lo que más le gustará a tu abuelita es que tocan música mexicana en vivo los fines de semana, por lo que no querrá irse.
Dirección: Calle Diego Rivera 50 esquina Altavista, San Ángel Inn.

Zanaya en Four Seasons– Miraba las flores de su patio exterior después de haber desayunado como nunca
El brunch dominical de Zanaya es legendario en la Ciudad de México, y era uno de los planes favoritos de mi abuelita. Todos los domingos de 12:00 a 18:00 horas, el patio central del Four Seasons —rodeado de vegetación y con arquitectura colonial— se convierte en el escenario perfecto para estirar la mañana sin mirar el reloj. Hay música en vivo, estación de parrilla al aire libre, barra de pasta, barra de tacos, y champagne ilimitado. El menú es tipo buffet con opciones que van desde ceviche hasta chilaquiles, pasando por pancakes y tacos de pato estilo Pekín. Es de esos brunches donde te quedas toda la tarde.
Dirección: Paseo de la Reforma 500, Juárez.

Del Bosque– Quería ir casi todos los fines de semana
Este lugar pequeño y tranquilo está junto al Lago Menor de Chapultepec, y es de esos espacios donde tu abuelita va a querer quedarse platicando toda la tarde. La vista al agua rodeada de árboles te hace olvidar que estás en pleno corazón de la ciudad. La comida es mexicana con toques internacionales: una fusión que suena moderna pero se siente cómoda. El ambiente es tranquilo, equilibrado, perfecto para llevarla a desayunar o comer mientras disfruta de la naturaleza sin salir de la capital.
Dirección: Av. Rodolfo Neri Vela, Bosque de Chapultepec I Sección.

