Diego Rivera estaba ahí. Junto a él, el expresidente Lázaro Cárdenas, artistas, intelectuales, y cientos de personas que cantaron corridos mientras el cuerpo de la Frida Kahlo se convertía en cenizas. Cuando el pintor recibió las cenizas en una caja de cedro, según testigos de la época, pidió que también a él lo cremaran cuando muriera. Y que mezclaran sus cenizas con las de ella.

El deseo de Diego: estar juntos para siempre
Diego Rivera dejó instrucciones claras en julio de 1955, dos años antes de su muerte. En una carta dirigida a sus asistentes Teresa Proenza y Elena Vázquez Gómez, y asus dos hijas Guadalupe y Ruth, escribió textualmente: ‘Deben trasladarse mis restos directamente del lugar del deceso, sea hospital, mi domicilio u otro lugar cualquiera, al crematorio y de ahí a mi casa de Coyoacán, para mezclarlas con las de Frida, que quedarán a perpetuidad en esa casa que según nuestro plan será convertirla en lugar museo memorial de Frida Kahlo’. La instrucción no dejaba lugar a dudas. Diego quería que sus cenizas descansaran con las de Frida en la Casa Azul de Coyoacán.

Lo que pasó cuando Diego murió en 1957
Diego Rivera murió el 24 de noviembre de 1957, tres años después que Frida. Según la periodista Raquel Tibol –biógrafa reconocida de Frida– las hijas de Diego, Guadalupe y Ruth, en arreglo con Emma Hurtado –la cuarta y última esposa de Diego–, decidieron que sus cenizas debían colocarse en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón Civil de Dolores. Ahí, junto a militares, presidentes, y otros artistas e intelectuales. Otra versión dice que la idea fue del presidente Adolfo Ruiz Cortines, quien consideraba que Diego merecía ese reconocimiento nacional. Lo que está claro es que nadie cumplió su deseo de mezclar sus cenizas con las de Frida.

Dónde están hoy las cenizas de Frida y Diego
Las cenizas de Frida descansan en la Casa Azul de Coyoacán, en una urna prehispánica de barro oaxaqueño con forma de sapo. La urna está en su ‘cuarto de noche’, sobre un tocador que hace las veces de altar. La Casa Azul se convirtió en museo en 1958, cuatro años después de su muerte, tal como ella y Diego habían planeado. Por otro lado, Diego Rivera está en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón Civil de Dolores, en la Ciudad de México. Ahí comparte espacio con presidentes, militares, y otros artistas mexicanos.

La ironía final
Dos años después de la muerte de Frida, Diego le dedicó una de sus obras con estas palabras: ‘A la niña Fridita Kahlo, la maravillosa. A dos años que duerme en cenizas vive en mi corazón’. Hoy, 69 años después de la muerte de Frida y 67 de la de Diego, sus cenizas siguen separadas. Ella en Coyoacán, en la casa que los vio amarse y odiarse durante 25 años y él en un panetón junto a personalidades como Agustín Lara, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Ángela Peralta.
