De la costa a la sierra, Jalisco es una tierra de paisajes naturales, deliciosa gastronomía, música, cultura y artesanía. Entre la capital Guadalajara y las playas paradisíacas de Costalegre, la Sierra Madre Occidental nos regala postales de montaña que en verano lucen sus mejores galas. Con la temporada de lluvias, los lagos, lagunas y cascadas se encuentran en su máximo esplendor y se convierten en un sitio particularmente apetecible para los amantes del ecoturismo. Platicamos con Juan Antonio Salcedo, director de Turismo del Pueblo Mágico de Mascota, quien nos contó por qué este es uno de los mejores destinos en Jalisco para visitar en verano —no por nada le dicen ‘la esmeralda de la sierra’—. Y sí: más accesible que Guadalajara, Puerto Vallarta o Tequila.


Mascota: un Pueblo Mágico en las montañas
A tres horas y media desde Guadalajara y dos desde Puerto Vallarta, Mascota se resguarda entre las montañas de la Sierra Madre Occidental. El pueblo se fundó durante los primeros años de la colonia, pero su pasado prehispánico va mucho más atrás. Hoy en día, no es difícil entender por qué cuenta con el reconocimiento de Pueblo Mágico: calles empedradas, casitas con fachadas de colores, panaderías en cada esquina, mariachi, artesanías de ocoxal —objetos tejidos con acículas de pino— y talleres de talabartería que se especializan en artículos relacionados con la charrería. Aunque el destino ofrece atractivos todo el año, en verano el foco está en las actividades ecoturísticas. Y no nos referimos exclusivamente a las aventuras y emociones fuertes, sino también a quienes disfrutan de simplemente caminar por los bosques de pinos y encinos para conocer las comunidades locales.


Qué hacer en Mascota, Jalisco en verano
En verano, la lluvia tiñe de verde los paisajes alrededor de Mascota. Lagos, lagunas, cascadas y la Presa Corrinchis: todo conectado por senderos para practicar ciclismo de montaña o hacer senderismo. Estos caminos que serpentean a través del bosque existen desde hace varios siglos, y se llaman senderos de herradura. Otra forma de recorrer estos caminos es a caballo o en cuatrimoto. Es importante destacar que operadoras como Magic Tours ofrecen estas experiencias acompañado de un guía, no solo por seguridad, sino también para cuidar el entorno. Por otro lado, en la parte alta de las montañas alrededor del pueblo hay miradores desde donde se pueden capturar panorámicas del valle.


Ubicada a solo media hora de Mascota, la Presa Corrinchis es otro lugar lleno de encanto natural. Los recorridos en kayak o en lancha y la pesca deportiva son actividades comunes en la presa, y si llegas temprano, incluso podrás ver cómo el lugar amanece envuelto en neblina. Para comer, a las orillas hay pequeños restaurantes donde se puede degustar la cocina regional, entre la que destacan platos como el pescado frito recién pescado y los tacos dorados.


El circuito rural de Mascota para conocer las comunidades locales
Si visitas Mascota en verano, te recomendamos hacer el circuito rural. Esta actividad permite conocer las comunidades locales alrededor del Pueblo Mágico, convivir con sus habitantes y descubrir un lado más auténtico del destino. Y es que el pueblo de Mascota es la cabecera municipal ubicada en el valle, pero en el municipio hay varias comunidades rurales que también están llenas de encanto. Este recorrido se puede hacer de manera independiente, pero recomendamos buscar una operadora que ofrezca el tour completo, pues en algunos casos se incluyen paradas para comer en las casas de las personas de los pueblos.

El circuito rural de Mascota inicia en el Pueblo Mágico y se dirige a la comunidad aledaña de Yerbabuena. Se trata de una comunidad pequeña pero llena de encanto y con mucho misticismo, con lagunas junto al kiosco y la iglesia en el centro del pueblo. Más adelante se encuentra Cimarrón Chico de la Raicilla, donde puedes aprender más sobre la historia y el proceso de producción de este destilado de la mano de maestros raicilleros que te llevan a conocer los campos de agave maximiliana. El camino continúa hacia la comunidad de Navidad, un mini pueblito envuelto en neblina con menos de 200 habitantes. Finalmente, se llega a Juanacatlán, una comunidad llena de árboles frutales como higos, membrillos, capulines y manzana con los que se producen ates deliciosos que cambian de sabor cada temporada.

