Al norte de México existe una ciudad colonial que destaca por tener el cuarto centro histórico más grande del país. Sus calles peatonales te permiten explorar sus casi 1,000 edificios históricos, en donde fachadas coloridas y una gastronomía local son solo dos de las grandes maravillas que te encontrarás al visitarlo. Se trata de Victoria de Durango –mejor conocida como Durango a secas–, una capital que permanece siendo un tesoro escondido para los turistas, pues al día de hoy son los que viven ahí quienes disfrutan de su orden y limpieza. Fundada en 1563, caminar por la ciudad de Durango es como visitar un museo al aire libre, ya que está repleto de edificios catalogados que van del barroco al neoclásico.

Historia, museos y gastronomía extraordinaria
En el corazón del centro está la Plaza de Armas con su kiosco tradicional, la cual destaca por la imponente Catedral Basílica Menor del siglo XVIII que descansa ahí. Alrededor encuentras joyas como el Palacio del Conde de Súchil, el Teatro Ricardo Castro, el Templo de Santo Domingo y el Palacio de Gobierno, todos limpios, restaurados y sin filas para entrar. En cuanto a su gastronomía, como en todo el norte, la carne asada es un ritual de fin de semana y se prepara en patios familiares, con cortes de res que se cocinan al carbón y se sirven con tortillas de harina recién hechas, salsas caseras, frijoles charros y guacamole.

El platillo emblemático es el caldillo duranguense, un caldo de carne seca de res con chile pasado que se come en cualquier restaurante del centro histórico. También hay que probar la discada duranguense –mezcla de varios tipos de carne en un disco de arado–, las gorditas norteñas rellenas con guisados, y el asado de bodas, un guiso de cerdo en adobo de chiles que originalmente se cocinaba para festividades.

Los postres y dulces de Durango
Una de las joyas menos conocidas del estado son sus dulces tradicionales, que casi no salen de Durango. Las gorditas de nata son el postre estrella, una especie de panecillo dorado y esponjoso hecho con nata de leche, harina y azúcar, que se vende en panaderías y tianguis del centro. También están los orejones –rebanadas de manzana, durazno, chabacano o membrillo secadas al sol y endulzadas– las panochas –dulces compactos de piloncillo y semillas–, las conservas de higo y chabacano, las jaleas de perón y el pinole clásico de maíz tostado con canela y azúcar. Todo se vende en cajitas para llevar y el precio es muy accesible, entre $30 y $80 pesos cada presentación.

Un destino que sirvió como locación de películas por su belleza
Un dato que pocos saben: entre los años 50 y 80, Durango fue conocida como ‘el Hollywood mexicano’ porque se filmaron ahí más de 150 películas, principalmente westerns con estrellas como John Wayne, Anthony Quinn y Charlton Heston. Hoy puedes visitar Paseo del Viejo Oeste / Chupaderos, sets cinematográficos abandonados a 15 minutos del centro que parecen sacados de una película. Para llegar desde la CDMX, lo más práctico es volar: el vuelo dura menos de 2 horas y los boletos arrancan desde $1,600 pesos ida y vuelta en aerolíneas como Volaris, Aeroméxico y VivaAerobus.

