Prácticos, nutritivos y reconfortantes, los pastes podrían ser la mayor aportación de Real del Monte a la cocina mexicana. Su influencia inglesa es evidente, pues además de que el nombre viene de la palabra en inglés ‘pastry’, su origen en México se remonta al siglo XIX, cuando compañías británicas tomaron el control de las minas de la zona tras la Independencia. Hoy por hoy, este plato ha migrado a las ciudades y es fácil encontrarlos en la calle. Sin embargo, hay otros pueblos mineros con su propia interpretación de estas empanadas. Las brujitas de Sombrerete, Zacatecas son una delicia, se preparan de manera artesanal y no las encuentras en la ciudad.


Qué son las brujitas de Sombrerete
Las brujitas son uno de los platos más representativos de la cocina zacatecana, y tienen su origen en Sombrerete. Son pequeñas empanadas de tortilla de maíz rellenas de carne deshebrada, las cuales se fríen en aceite o manteca para darles una textura crujiente por fuera y suave por dentro. También pueden ir rellenas de otros guisos caseros, como papas con queso o frijoles refritos. Aunque menos famosas, son más antiguas que los pastes de Real del Monte, pues nacieron en la época de la Colonia. Hoy en día, puedes probarlos en puestos callejeros, o bien, en el Mercado Municipal.

Un pueblo minero entre los campos de trigo y avena
El pasado minero de México sobrevive en los pueblos congelados en el tiempo en las regiones centro y norte del país. Aunque México sigue siendo el mayor productor de plata del mundo, los pueblos mineros de hoy ya no tienen ese encanto de antaño que conjugaba paisajes rurales con un desarrollo que no ocultaba las riquezas derivadas del sector. Zacatecas tiene su propio tesoro oculto entre campos de trigo y avena: el Pueblo Mágico de Sombrerete.

Después de probar las famosas brujitas, puedes aprovechar para pasear un rato. Además de las minas y la cocina local, descubrirás que Sombrerete está repleto de iglesias, conventos y edificios religiosos, muchos de los cuales dan fe de la enorme riqueza del pueblo durante la época virreinal. A solo tres minutos del Mercado Municipal, el Convento de San Francisco de Asís destaca por su arquitectura barroca. Desde ahí, puedes llegar a la Plazuela de la Soledad. Además de vistas espectaculares del Sombreretillo y otros cerros alrededor del pueblo, ahí se yerguen tres edificios: el Templo de la Soledad, la Capilla de Santa Veracruz —que en lugar de bancas, tiene sepulcros en su interior— y el Convento de Nuestra Señora de la Soledad —donde todavía viven monjas que preparan deliciosos dulces y rompope—. Otro de los grandes tesoros de Sombrerete es el Templo de San Juan Bautista, construido hacia finales del siglo XVII.


