Salir a comer es introducirse al mundo. Entre los platillos compartidos y los espacios bulliciosos, sentarse a la mesa en un restaurante es anclarse a la comunidad y a la experiencia. Pocas veces podríamos pensar en el naufragio como una de las cualidades de una buena comida. Y sin embargo, hay ciertos lugares donde la experiencia culinaria nos lleva a perdernos en sensaciones y sabores. Hace poco abrió un restaurante que busca precisamente eso, abrirnos al naufragio de la mente y a deambular en medio de comida música y arquitectura sin pensar en el mundo de afuera. Naufragante propone más que una cena: una invitación a desaparecer.

El naufragio de sabores
Naufragante nace del concepto del “naufragio de la mente”. Aquí, naufragar en un espacio donde los sentidos toman el control es el punto de la experiencia. Afuera, el mundo sigue girando, mientras que durante la cena el tiempo se pierde en sabores que evolucionan en capas, en luz que transforma la percepción, en arquitectura que contiene y en música que activa la memoria. Naufragante transforma la forma en que concebimos el intercambio culinario, así como la conexión que establecemos con él desde una mirada contemporánea y profundamente sensorial.

La propuesta gastronómica es un intercambio entre Asia y México. Aunque este no es un concepto poco explorado en la cocina mexicana, Naufragante destaca por su juego no sólo con sabores, sino también con técnicas de ambas cocinas. En su selecto menú podemos encontrar mezclas de ingredientes y métodos, como un aguachile verde con edamame, así como mochis de ate con queso y chocolate con chile. Su platillo insignia es el róbalo acompañado de bok choy, aunque sin duda su pulpo para taquear es la estrella del menú, servido con tortillas, aguacate, un arroz que te deja chupándote los dedos.


Mixología de los dioses
La coctelería sigue la misma línea conceptual. Si bien puedes encontrar los cócteles clásicos, los cócteles de la carta de autor son los que siguen construyendo el naufragio sensorial del restaurante. Totchtli —conejo de la luna— es un curado de pulque con chai, mezcal espadín y licor artesanal de cacahuate, y es una de las bebidas que mejor encapsulan lo que Naufragante busca compartir. Otras opciones interesantes que reinterpretan la mixología mexicana y japonesa son el Cloudy Matcha, con licor de coco, Calpis japonés y top de vino espumante, y la margarita jalapeño con sal de canela con azúcar.

Un espacio para la mente
A todo esto se le suma un espacio diseñado para contener la experiencia. En una antigua casona de la colonia Roma, Naufragante diseña su espacio de forma minimalista con detalles que atrapan tu mirada. Esto logra que la experiencia sea inmersiva sin ser abrumadora. El espacio es tranquilo y cómodo, un refugio del caos de la ciudad. Además, en la entrada hay un espacio dedicado a la música, una mezcla de house con covers que evocan recuerdos colectivos. Entre un lugar cómodo y estilizado y una sensación familiar alterada, Naufragante logra contener todos los sentidos que culminan en un menú delicioso, sin duda una experiencia culinaria imperdible.

