Un pueblo de piedra mexicano por el que los pintores enloquecen: casonas del porfiriato, minas antiguas y galerías

En el corazón de Guanajuato, entre nopaleras, agaves silvestres y las ruinas de decenas de minas que un día produjeron oro, plata y mercurio, está un Pueblo Mágico que fue considerado pueblo fantasma durante casi un siglo y que hoy es refugio de pintores, escultores y fotógrafos que llegan a poner su caballete al aire libre entre sus paisajes: se llama Mineral de Pozos, tiene entre 3,500 y 4,000 habitantes, y desde finales de los años noventa se convirtió en uno de los destinos artísticos más singulares del país. Cada fin de semana llegan pintores plein air con lienzos, acuarelas y óleos a captar la luz del semidesierto sobre las casonas restauradas, las capillas coloniales y los cascos mineros que se quedaron congelados en el tiempo. Es una comunidad artística viva, con más de diez galerías activas y un ambiente perfecto para amantes del arte que buscan un destino sin masificación.

Casas de piedra en el pueblo mágico mineral de pozos
Foto: Cortesía

El pueblo fantasma convertido en refugio artístico

Mineral de Pozos vivió su época dorada durante el porfiriato como uno de los centros mineros más importantes del centro del país, pero para mediados del siglo XX la explotación se agotó y el pueblo se fue vaciando hasta quedarse prácticamente en ruinas. El renacimiento cultural comenzó en 1995 cuando abrió el Hotel Casa Mexicana, una casona restaurada con grabados originales de Picasso y Rembrandt en sus habitaciones, lo que atrajo a artistas nacionales y extranjeros que empezaron a establecer sus talleres y galerías entre las ruinas. Poco a poco, artistas de Estados Unidos, España y otras partes de México compraron casonas viejas y las transformaron en estudios de pintura, casas-galería y espacios culturales. Ganó la denominación de Pueblo Mágico en 2012, y hoy tiene una comunidad artística consolidada que convive con las ruinas mineras que sirven de inspiración para casi cada obra.

Durante años fue considerado un pueblo fantasma, pero hoy está lleno de vida. Foto: Cortesía

Los paisajes que vuelven locos a los pintores

Lo que trae a los pintores hasta Pozos es su paisaje único en México, una mezcla de semidesierto árido con nopales y magueyes, ruinas mineras de piedra caliche esparcidas por todo el municipio, y cielos con luces intensas de amanecer y atardecer que cambian de color minuto a minuto. Las minas de Santa Brígida y Cinco Señores, ambas a 15 minutos en auto del pueblo, son las locaciones favoritas. Lo anterior por sus arcos de piedra en ruinas y sus estructuras verticales. La Parroquia de San Pedro del siglo XVIII con su cúpula, la Capilla de la Misericordia con órganos y nichos barrocos. La inconclusa Capilla de San Antonio de Padua también tiene motivos en las obras que se ven después colgadas en las galerías del pueblo. El Jardín Juárez con su quiosco al centro es el punto donde los pintores más veteranos suelen instalarse los sábados por la mañana.

Mineral de pozos es el pueblo favorito de los pintores. Foto: Cortesía

Las galerías y el centro de artes

En un pueblo de menos de 4,000 habitantes hay más de 10 galerías dedicadas a pintura, escultura, fotografía y arte contemporáneo. La Fama es una antigua tienda decimonónica convertida en tienda de muebles, artesanías y arte con una cafetería en la planta alta. Mientras que Galería 6 funciona además como casa de huéspedes El Secreto, con jardines interiores, techos altos y esculturas por todos lados. También vale la pena visitar la casa-taller del escultor Arturo Cabrera cerca de la Mina de los Cinco Señores. Donde trabaja con lámina martillada. Para quienes vienen a aprender más que a pintar, el Centro de Artes y Prácticas Artísticas de Mineral de Pozos es uno de los espacios de enseñanza artística más importantes. Con talleres de grabado, litografía, serigrafía, fotografía, video, animación digital, cerámica, textil, danza y música.

Antigua casona iluminada en la noche de mineral de pozos
Foto: Cortesía

Cómo llegar y dónde hospedarse

Para llegar desde la CDMX lo más práctico es manejar aproximadamente 4 horas por la autopista México-Querétaro-Celaya. Otra opción es combinarlo con una escapada a San Miguel de Allende, a solo 1 hora en auto. Así aprovechas dos destinos artísticos del Bajío en un mismo viaje. Lo ideal es quedarse un fin de semana completo para poder recorrer las minas, visitar las galerías, plantar caballete si eres pintor y disfrutar los atardeceres desde alguna casona con azotea.

Mineral de pozos con sus calles coloridas
Foto: Cortesía