En una de las esquinas más emblemáticas del Centro Histórico de la CDMX, justo en el cruce entre el Corredor Peatonal Madero e Isabel La Católica, se alza un edificio que llama la atención desde la calle, pero que oculta una historia aún más impresionante que su fachada. El edificio La Esmeralda ha sido testigo de la evolución de la ciudad. Desde el 2006 este lugar alberga el Museo del Estanquillo, pero la construcción data de finales del siglo XIX, cuando Porfirio Díaz inauguró una de las joyerías más prestigiosas de aquella época. A pesar de que el siglo XX trajo cambios e inestabilidad, el inmueble nunca perdió su belleza. Aquí te contamos su historia.


La Esmeralda Hauser-Zivy: la joyería más importante del porfiriato
El 27 de noviembre de 1892, Porfirio Díaz inauguró la tienda de lujo más importante del país. La Esmeralda era corresponsal de una joyería parisina, y aunque esta ya existía desde 1864, la construcción de este nuevo edificio fue un símbolo del progreso en la dirección que Díaz añoraba para la Ciudad de México: una capital mundial a la altura de las ciudades europeas. Además de joyería, el establecimiento vendía relojes, placas, péndulos y obras de arte traídos directamente de Francia.

Pero además del catálogo de la tienda, la fachada está repleta de guiños a los gustos europeos fomentados durante el porfiriato. Los arquitectos Eleuterio Méndez y Francisco Serrano fueron los encargados de diseñar un edificio ecléctico con elementos neoclásicos, alusiones al barroco francés y un interior de estilo Art Nouveau. Cabe mencionar que en esa época, las calles no llevaban el nombre que llevan hoy —entonces se llamaban Plateros y Espíritu Santo—; sin embargo, el edificio se convirtió desde ese momento en un referente en el Centro Histórico de la ciudad.

El deterioro del siglo XX: oficinas, un banco y un antro
Después del cierre de La Esmeralda Hauser-Zivy, el edificio sufrió varios cambios en su uso. En la década de los 60 se adaptó para albergar oficinas del gobierno, y entre 1970 y 1980 fue una sucursal bancaria. En la década de los 90, el lugar volvió a atraer los reflectores, pero esta vez por un motivo muy distinto. Donde antes estuvo la joyería más importante del porfiriato, ahora se encontraba la discoteca La Opulencia.

El Museo del Estanquillo
Sin embargo, a principios del siglo XXI se inició un proceso de recuperación profunda. En colaboración con el INAH, la Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México y el arquitecto Gabriel Mérigo Basurto, se restauraron las fachadas con sus frisos, cornisas, pilastras y ornamentos. Al interior, el inmueble se adaptó para alojar la colección de objetos del escritor mexicano Carlos Monsiváis. Fue así como el edificio La Esmeralda se convirtió en sede del Museo del Estanquillo. Además de sus exposiciones temporales, no te olvides de subir a la terraza, donde te puedes tomar un café con las vistas más lindas del Centro Histórico. Además, de vez en cuando realizan actividades culturales.


