Nos encanta encontrar versiones locales de otros rincones del mundo. Que si la Venecia mexicana, que si la Suiza mexicana, que si un pueblo que parece sacado de Francia. Pero pocas personas saben que también existe el ‘Japón mexicano’. Y no, no está en Baja California ni en la CDMX, sino en un pequeño pueblo de Chiapas llamado Acacoyagua, donde hace casi 130 años se estableció la primera colonia japonesa del país. Rodeado de exuberante naturaleza tropical y ubicado en la región de la Soconusco, a una hora de Tapachula, este rincón del sur de México tiene una de las historias más curiosas —y menos conocidas— del encuentro entre México y Japón.


¿Por qué llegaron los japoneses a Chiapas?
La historia de Acacoyagua como cuna de la inmigración japonesa en México no fue consecuencia de ninguna guerra, sino como un ambicioso proyecto agrícola. A finales del siglo XIX, Japón estaba abriéndose al mundo tras siglos de aislamiento, —la era Meiji—, y buscaba expandir sus horizontes comerciales. Entonces, el vizconde Takeaki Enomoto, un influyente político y exministro de Relaciones Exteriores de Japón, puso sus ojos en México. Tras negociar con el gobierno de Porfirio Díaz, adquirió miles de hectáreas en la región del Soconusco con la intención de establecer una colonia dedicada al cultivo de café. Fue así como el 10 de mayo de 1897, llegaron los primeros 34 colonos japoneses al puerto de San Benito —hoy Puerto Madero— a bordo del barco Alsacia. Desde allí, caminaron y viajaron a caballo hasta el territorio de Acacoyagua.


Un proyecto que fracasó pero cambió la historia de Acacoyagua
Aunque el plan original era cultivar café, el proyecto agrícola fue un fracaso. Los colonos, muchos de ellos intelectuales, artesanos o citadinos sin experiencia real en el campo tropical, se encontraron con un clima extremo, lluvias torrenciales, enfermedades tropicales como la malaria, plagas y una falta de infraestructura y caminos para transportar las cosechas. La empresa impulsada por Enomoto quebró rápidamente. Sin embargo, cuando todo apuntaba al abandono, varios de los japoneses decidieron quedarse. Liderados por figuras como el doctor Tsunashige Kusakado, cambiaron de estrategia: dejaron atrás el café y se dedicaron a la medicina, el comercio, la carpintería y la agricultura. Con el tiempo, se ganaron el respeto de la población local, se casaron con mujeres mexicanas y dieron origen a las primeras familias nikkei —descendientes de japoneses— en México.


Un pedazo de Japón en Chiapas: el pueblo lleno de símbolos japoneses
Hoy, Acacoyagua es un museo vivo de ese mestizaje. Al caminar por sus calles es común encontrarse con rostros de rasgos asiáticos y apellidos como Kusakado, Hirosuki, Yano, Kato, Nakamura o Matsui. Al llegar al pueblo, lo primero que te recibe es un arco de estilo Torii japonés. Mientras que en la plaza principal se levanta un obelisco conmemorativo de piedra, flanqueado por placas escritas en ambos idiomas. Este monumento fue erigido para recordar la llegada de los primeros inmigrantes y, de hecho cada mes de mayo, se convierte en el centro de las celebraciones. Durante esos días, Acacoyagua recibe embajadores, delegaciones de Tokio y miembros de la Asociación México-Japonesa para conmemorar la fecha que cambió para siempre el destino de este pequeño rincón de Chiapas.


Un experiencia que no esperabas encontrar en México
La huella de aquel encuentro también se conserva en la Casa de la Cultura Japonesa, donde se resguardan fotografías, documentos históricos, herramientas traídas desde Japón y árboles genealógicos de las familias descendientes. Incluso el Panteón Municipal guarda uno de los rincones más emotivos del pueblo: una sección donde descansan los primeros colonos en tumbas que combinan elementos mexicanos con lápidas de estilo japonés. Por eso, recorrer Acacoyagua es una experiencia muy peculiar que no esperarías encontrar en México y mucho menos en Chiapas. Un lugar donde dos culturas separadas por miles de kilómetros terminaron echando raíces juntas.

