No es común encontrar un pueblo en México con raíces tan marcadas de otro país, pero Chipilo es una excepción. Esta pequeña localidad de Puebla es una de las más singulares del país, pues conserva una identidad profundamente ligada a Italia, visible en sus tradiciones, su gastronomía, la vida cotidiana de sus habitantes y hasta en el idioma que se escucha en sus calles. A solo 30 minutos de la ciudad de Puebla y a unas dos horas de la CDMX, este rincón poblano mantiene viva la herencia de quienes llegaron de Europa hace más de un siglo. Una herencia que no quedó como un simple recuerdo del pasado, sino que se convirtió en parte de lo que hoy hace único a Chipilo.


¿Por qué en Chipilo hablan italiano?
Chipilo, cuyo nombre oficial es Chipilo de Francisco Javier Mina, fue fundado el 7 de octubre de 1882 por un grupo de familias inmigrantes italianas, en su mayoría provenientes de la región del Véneto, al norte de Italia. Llegaron a México impulsados por las políticas de colonización agrícola del gobierno de Porfirio Díaz, después de sufrir inundaciones y graves crisis económicas en su país de origen. Durante décadas, el aislamiento de la comunidad favoreció la conservación de sus costumbres y de su idioma. Así, el véneto que trajeron los primeros colonos se transmitió de generación en generación y dio lugar a una variante conocida localmente como chipileño o véneto chipileño. Actualmente, se calcula que el 80% de los habitantes de Chipilo son descendientes directos de aquellas familias fundadoras. Muchos conservan apellidos de origen italiano y aunque el crecimiento de la ciudad de Puebla se extiende cada vez más, los chipileños mantienen vivas sus tradiciones y, sobre todo, su idioma.


Qué comer en Chipilo: quesos italianos, embutidos, pizzas y gelato artesanal
Pero el idioma no es lo único que se mantiene vivo en Chipilo. Su gastronomía también refleja esa herencia italiana, aunque con algunos toques de la cocina mexicana. Los primeros colonos provenían de zonas rurales donde la ganadería y la elaboración de lácteos eran fundamentales. Al establecerse en Puebla, adaptaron sus técnicas a las condiciones de la región y convirtieron a Chipilo en un referente de la producción quesera. Hoy puedes encontrar variedades de estilo italiano, como provolone, mozzarella, parmesano, asiago y ricota, además de quesos mexicanos como el Oaxaca y el panela. También destacan la mantequilla, la crema y el yogur, muy utilizados en la repostería y la cocina regional. Pero la oferta no termina ahí. Vale la pena probar sus embutidos, como salamis y salchichas, así como disfrutar de pizzas a la leña, trattorias y cafeterías con panes clásicos italianos. Por último, también están las heladerías del pueblo que ofrecen gelatos artesanales.


Recorre Chipilo: de sus queserías al mirador del Cerro de la Grappa
Cuando visites Chipilo, ve con calma y aprovecha para hacer un recorrido gastronómico por sus queserías, expendios de productos lácteos, panaderías artesanales y restaurantes familiares, muchos de ellos sobre las calles principales. También vale la pena conocer la Parroquia de la Inmaculada Concepción, ubicada en el centro y recorrer sus calles para descubrir la arquitectura de influencia europea. Para terminar, sube al Cerro de la Grappa, un monte a las afueras del pueblo llamada así justamente en recuerdo del Monte Grappa en Italia. En la cima encontrarás una escultura del Sagrado Corazón de Jesús y una vista panorámica de Chipilo, los campos circundantes y la zona metropolitana de Puebla. No todos los días se encuentra un rincón con una identidad italiana tan marcada en México, así que vale la pena visitarlo al menos una vez en la vida.


