México es un país rico en cultura, historia y arquitectura, y una de sus grandes virtudes es que no sacrifica ninguna en nombre del entretenimiento. Al contrario, aquí somos expertos en moldear el entretenimiento a nuestra identidad mexicana y ofrecer siempre una combinación de todas a quienes visitan. Es común encontrar museos, bibliotecas, panaderías y restaurantes dentro de grandes casonas, conventos y haciendas. Comer, dormir y respirar nuestra historia es fundamental para nosotros, y perderla en nombre del progreso no es nuestro estilo. Uno de estos lugares es la Hacienda de Temixco, un lugar testigo de grandes momentos históricos y en cuyas ruinas se construyó un parque acuático que combina la cultura con la diversión familiar.

La antigua hacienda
En 1529, el entonces emperador Carlos I de España le concedió a Hernán Cortés, su general más importante, el título de marqués y una región para establecer el marquesado. A esta se le llamó el Marquesado del Valle de Oaxaca, que abarcaba varios estados, incluyendo Morelos. Fue ahí que su hijo, Martín Cortés , fundó La Hacienda de Temixco con el objetivo de aprovechar los recursos naturales del área. Muy pronto, la hacienda se consolidó como una potencia, gracias a su producción de azúcar, extracción de maderas finas y la cría de ganado.

La Hacienda de Temixco jugó un papel prominente en distintos conflictos dentro del país. Durante la Guerra de Independencia, la hacienda se volvió un bastión del ejército realista y fue una de las últimas en caer. Fue en épocas de la Revolución que, como muchas otras haciendas, Temixco quedó en ruinas por las disputas entre el ejército zapatista y el federal. Más adelante, en la Segunda Guerra Mundial, las ruinas de la hacienda fueron utilizadas como campo de concentración para ciudadanos japoneses desplazados. Al final de este conflicto bélico, la Hacienda de Temixco se convirtió brevemente en procesadora de molino de arroz.

Parque Acuático
Hoy, algunas zonas de la hacienda todavía conservan su encanto original, como la capilla del siglo XVI o algunos salones y jardines. Aquí, se pueden hacer bodas o eventos para diferentes capacidades, y se ofrecen recorridos en la zona para conocer la rica historia de la hacienda. Además, a partir de 1968, la Hacienda de Temixco abrió sus puertas como parque acuático, con toboganes, áreas infantiles y familiares, y áreas verdes para distintas actividades deportivas. Lo más atractivo es que hay albercas construidas alrededor de algunos antiguos pilares y acueductos, por lo que puedes nadar entre las ruinas de la hacienda.

Cómo llegar a la hacienda
Para llegar a Temixco desde la CDMX, hay que tomar la carretera México-Cuernavaca y al llegar al centro, tomar el desvío de Autopista del Sol. Después, el Retorno Brisas Florida y la calle Miguel Hidalgo te llevan a la entrada de la hacienda. El precio de las casetas en total es de 448 MXN de ida y vuelta. La entrada general al parque acuático es de 480 MXN para adultos y 320 MXN para niños, pero los menores de 95 cm entran gratis. También, los precios del restaurante son muy accesibles, por lo que puedes comer por 250 MXN. En total, puedes visitar la Hacienda de Temixco durante un día completo y gastar menos de 1,000 MXN por persona. Recuerda que no hay hospedaje dentro del parque acuático, así que si quieres pasar un fin de semana, deberás buscar opciones cercanas.

