Antes de que Mazunte, Zipolite y Sayulita se popularizaron como destinos bohemios en nuestro país, hubo otras playas que de alguna manera marcaron el inicio de esta tradición. Tal es el caso de Olas Altas, en Mazatlán –considerada la primera playa con tradición bohemia–, y La Madera, en Zihuatanejo. Esta última sigue siendo una de las playas más encantadoras, pues, fiel a su esencia, conserva esa atmósfera relajada y pintoresca que se aleja de las multitudes y de los enormes resorts a la orilla del mar.


La Madera: la playa bohemia de Zihuatanejo
La Madera es una playa pequeña de Zihuatanejo con ese ambiente de pueblo pesquero que la hace tan especial. A diferencia de Ixtapa, aquí no encontrarás enormes resorts de lujo, alojamientos todo incluido ni muchos turistas. En su lugar, hay pequeños hoteles, bungalows y casas construidas sobre las laderas, a las que se llega por calles empinadas. También encontrarás pequeñas palapas y restaurantes a la orilla del mar donde podrás disfrutar pescados y mariscos frescos. Y mientras comes, es común ver a los pescadores salir al mar y, mientras lo haces puedes admirar los atardeceres frente a la costa.

La playa de Zihuatanejo que sigue teniendo la esencia de los años 70
En los 70, Zihuatanejo no tenía la proyección turística que tiene hoy y llegar hasta aquí era mucho más complicado. Era un pueblo pesquero aislado, con poca infraestructura y, sobre todo, con muchos menos turistas. Sin embargo, fueron precisamente esas características las que comenzaron a llamar la atención de viajeros, mochileros, hippies y extranjeros que llegaban en busca de una playa tranquila, económica y alejada del turismo masivo. En aquel entonces era común ver a jóvenes de pelo largo, guitarras bajo el brazo, disfrutando de cervezas, mariscos y del mar, en un ambiente relajado y bohemio.

Playa La Madera: el Zihuatanejo de pequeños hoteles, mariscos frescos y pocos turistas
Actualmente, Playa La Madera todavía conserva la esencia del Zihuatanejo de los años 70. La playa sigue siendo su principal atractivo, es pequeña y está protegida por la bahía, lo que mantiene un oleaje suave y tranquilo, ideal para nadar, tomar el sol, descansar o practicar bodysurf. Desde aquí puedes caminar hasta el muelle principal y recorrer los alrededores, donde encontrarás restaurantes, murales, esculturas y puestos de artesanías. Y si quieres conocer los sabores de la costa guerrerense prueba el pescado a la talla, el pescado zarandeado y los camarones a la diabla. Además de aguachiles, ceviches, tiras de pescado estilo Zihuatanejo y el tradicional pozole guerrerense.

