Porfirio Díaz se negó a cederle a Estados Unidos esta bahía mexicana con playas vírgenes de arena blanca

En la costa occidental de Baja California Sur, protegida del Pacífico por dos islas gigantes de arena, hay una bahía enorme que ha sido testigo de una de las historias diplomáticas más fascinantes entre México y Estados Unidos. Se llama Bahía Magdalena, y hoy es reconocida como uno de los tres únicos lugares en el mundo donde las ballenas grises viajan cada invierno para aparearse y criar a sus ballenatos. Pero antes de convertirse en este santuario natural, esta bahía fue el centro de una disputa que enfrentó a México con las principales potencias mundiales de principios del siglo XX. Estados Unidos, Japón y hasta el imperio alemán la codiciaron para uso militar. La buena noticia es que a pesar de la presión, México se negó a cederla y hoy es posible visitarla en modo turismo.

Vista aérea de manglares y canales de agua junto a las dunas de arena de Bahía Magdalena, Baja California Sur
Los canales entre manglares dibujan formas imposibles antes de encontrarse con el Pacífico. Foto: Akampa Mx

La concesión de la bahía a Estados Unidos

La historia empieza en 1837, cuando Estados Unidos estableció una estación de carbón en la bahía para abastecer sus barcos balleneros del Pacífico. Décadas después, el 5 de noviembre de 1907, el gobierno de Porfirio Díaz concedió formalmente a la Marina estadounidense el uso de Bahía Magdalena como base de abastecimiento y prácticas navales. La concesión duró exactamente 3 años. Durante ese periodo, en 1908, la famosa Gran Flota Blanca de Estados Unidos, compuesta por 16 acorazados y enviada por el presidente Theodore Roosevelt en una misión para mostrar su poder naval alrededor del mundo, se detuvo específicamente en la bahía para prácticas de artillería. Miles de marines estadounidenses ocuparon la zona.

Foto: Akampa Mx

El ‘No’ rotundo de Porfirio Díaz

Cuando el permiso llegó a su fin el 1 de diciembre de 1910, el embajador de Estados Unidos solicitó formalmente una prórroga al gobierno mexicano para seguir usando la bahía. Pero Porfirio Díaz se negó rotundamente. La Marina estadounidense tuvo que desocupar el territorio y llevarse todos sus barcos. Poco después, en 1912, Japón intentó comprar la bahía directamente a México. También le dijeron que no. Según el libro ‘El Telegrama Zimmermann’ de la historiadora Barbara Tuchman, hasta el káiser alemán intentó usar Bahía Magdalena y la vecina Bahía Ballena para fines militares antes de la Primera Guerra Mundial. La lección diplomática fue clara: México no iba a ceder ese territorio a ninguna potencia extranjera.

Retrato en blanco y negro de Porfirio Díaz, presidente que negó la prórroga de Bahía Magdalena en 1910
Su negativa en diciembre de 1910 dejó a la Marina estadounidense sin más opción que retirarse. Foto: Cortesía

Un santuario de ballenas grises y playas paradisíacas

Un siglo después de aquellas disputas, Bahía Magdalena es uno de los destinos naturales más impresionantes del país. Es el punto más al sur de la migración de las ballenas grises, que viajan cada año más de 10 mil kilómetros desde el Ártico para llegar aquí entre enero y marzo. Es una de las migraciones más largas del reino animal. Las ballenas se acercan a los pequeños botes turísticos con una curiosidad brutal. Los locales les dicen ‘friendly whales’ porque nadan al lado de las lanchas y sacan la cabeza del agua a centímetros de los turistas. También hay delfines, lobos marinos, tortugas y aves migratorias. Las playas vírgenes de la Isla Magdalena, con sus dunas de arena blanca y sus casi 80 kilómetros de extensión sin construcciones, son ideales para hacer camping y caminar horas sin cruzarte con nadie.

Ballena gris nadando junto a una lancha con turistas durante el avistamiento en Bahía Magdalena, BCS
Las llaman friendly whales porque se acercan solas a las lanchas, a centímetros de los visitantes. Foto: Akampa Mx

La experiencia única de acampar y ver ballenas

Para vivir la bahía en su máxima expresión, el campamento Bahía Magdalena Ocean Camp de Akampa ofrece la experiencia más completa. Está montado sobre la duna de Médano Amarillo, con tents safari frente al mar, baño caliente con vista al manglar y comida campesina del rancho de la familia local que opera el sitio desde hace 30 años. Ofrecen cuatro expediciones diferentes según la temporada: Ocean Safari con delfines, lobos marinos y ostiones frescos, Ballena Gris entre enero y marzo, Ballena Jorobada de diciembre a febrero, y el espectacular Marlin & Sardine Run entre octubre y diciembre. Los paquetes de 4 días son operados con estándares de conservación en alianza con The North Face.

Foto: Akampa Mx
Foto: Akampa Mx

La cocina marina de Bahía Magdalena

La gastronomía de la zona gira alrededor del mar y de las tradiciones pesqueras que se conservan desde hace generaciones. El plato estrella es la almeja chocolata, endémica de las aguas de Baja California Sur, servida cruda con limón, salsa Maggi y chile piquín. Los tacos de pescado y camarón capeados al estilo Baja son parte de la identidad local. También hay que probar el chocolate de almeja, un caldo espeso preparado con mariscos frescos, jitomate y verduras. Los callos de hacha con mantequilla y limón, las jaibas rellenas y el atún aleta amarilla recién pescado son opciones imperdibles. En Puerto San Carlos y Puerto Adolfo López Mateos hay pequeños restaurantes familiares donde comes con vista directa a la bahía. Para acompañar, cerveza fría y damiana, licor típico peninsular hecho con hierbas locales.

Almejas chocolatas
Almejas chocolatas, el plato típico de la zona. Foto: Cortesía