Puebla es un estado que no se queda corto en maravillas naturales y en pueblos y ciudades con los rincones más hermosos que te puedes encontrar. Aquí están algunas de las capillas y de las cascadas más impresionantes, además de algunos de los platillos más icónicos del país. Sin duda, Puebla encapsula lo mejor que México tiene que ofrecer. Y en medio de las montañas poblanas, se esconde el pueblo de Cuetzalan, un paraíso cubierto de niebla. Aquí se come bien, se camina entre callejones preciosos, y el agua crea espectáculos naturales que no verás en otro lado.


Cuetzalan que es donde historia
Ubicado en la Sierra Nororiental de Puebla, Cuetzalan fue originalmente un asentamiento totonaca. El nombre original fue Quetzalan, que significa «lugar de abundancia de quetzales». Fue fundada por los pueblos totonacas en el año 200 a.n.e., quienes fueron sometidos a tributo por los aztecas en 1475. Más tarde, en 1522, el ejército español ocupó la región y la denominó San Francisco Cuetzalan. Así, para 1547, este pueblo era considerado como centro de actividades sociales, económicas y comerciales muy importantes. Hoy, Cuetzalan es un pueblo mágico, donde la naturaleza, la belleza arquitectónica y la cultura se encuentran.


Un pueblo entre niebla y cascadas
Al pasear por las calles del pueblo de Cuetzalan, podrás encontrar una gran diversidad de rincones arquitectónicos. La mayoría de las casas son del siglo XIX, de inspiración renacentista y con detalles góticos. Además, muchas de las casas están construidas en niveles, pues las calles empedradas son muy empinadas. Si bien pasear entre sus calles y callejones garantiza un buen ejercicio, el espectáculo de las mañanas, cuando las escaleras se cubren de niebla como si las revistiera una espesa alfombra blanca, vale la pena. Aparte, si tienes suerte, podrás observar a los voladores de Papantla, que todavía conservan la tradición del vuelo.


Gracias a su ubicación, Cuetzalan es un pueblo al que nunca le falta agua. La región está en el medio de distintas cuencas parciales de los ríos que desembocan en el golfo de México. Por eso, y debido a su relieve empinado, Cuetzalan se abastece de tres manantiales por gravedad, sin bombeo ni gasto en electricidad. Aparte, en época de lluvias, el agua que cae es tanta que incluso el agua forma pequeñas cascadas en las escaleras del pueblo, creando un espectáculo que fusiona lo natural con lo arquitectónico. Aun así, el resto del año las cascadas naturales de las cuencas y manantiales caen con fuerza.

De mole, tlayoyos y otros platillos de Cuetzalan
En el pueblo de Cuetzalan no sólo puedes caminar entre cascadas y niebla, sino que también vas a comer delicioso. En buena costumbre poblana, el mole de la región con guajolote no puede faltar. Aquí, lo puedes acompañar con los tradicionales tamales y frijoles. También puedes probar los tlayoyos, antojitos de masa rellenos de frijol o alberjón, bañados en salsa y queso fresco. Y si lo que te gusta es probar bebidas diferentes, tienes que probar la yolixpa, un licor preparado con más de 20 hierbas aromáticas y medicinales en aguardiente de caña.


