La Riviera Maya es uno de los grandes destinos de lujo de México. Y es que esta región conjuga la presencia de cadenas hoteleras de enorme prestigio con un entorno natural exuberante, un mar Caribe color turquesa y una tradición cultural milenaria. En medio de este paraíso, Rosewood Mayakoba ofrece una experiencia auténtica donde el ultra lujo se vive en cada uno de los detalles, pero siempre reforzando el vínculo con la Selva Maya, sus cenotes, sus tradiciones culinarias y sus saberes ancestrales.


Pero además del cuidado en cada uno de sus rincones —el spa, las albercas, las habitaciones, el club de playa, los restaurantes, La Ceiba, la Isla Secreta—, hay una magia única en la forma de transitar el hotel: llegar en bote a las habitaciones, atravesar el manglar en bicicleta o tomar un carrito de golf de regreso a tu cuarto después de cenar. Así, la calma, la elegancia y el bienestar se fusionan con el paisaje en una experiencia única donde el hospedaje y el destino se convierten en uno solo.


Habitaciones que se sienten como tu propia casa en la selva
Aunque Rosewood Mayakoba tiene 129 suites y una colección de residencias privadas, hospedarse en sus habitaciones se siente como si estuvieras solo en medio de la selva. Las suites ofrecen planos abiertos, terrazas enormes, grandes ventanales y un interiorismo minimalista y sofisticado donde la decoración proviene de los talleres de artesanos mexicanos. Algunas habitaciones, como las Wellness Suites, cuentan con duchas exteriores, albercas privadas climatizadas y hasta un pequeño jardín para meditar por las mañanas con el murmullo de una fuente. Además, el servicio de mayordomo está pendiente de todas tus necesidades a lo largo del viaje, desde solicitar un carrito de golf después de cenar hasta programar la transportación al aeropuerto a tu partida.


Rosewood Mayakoba tiene distintos tipos de suites. Por ejemplo, las suites en la laguna, a las que puedes llegar en bote después de hacer el check-in. Por su parte, si prefieres estar cerca de la playa, puedes optar por las suites con vista al mar —a un costado de la alberca familiar y el restaurante Punta Bonita— o incluso las suites frente al mar —las cuales se encuentran directamente sobre la arena con vistas despejadas al horizonte—. Si viajas en grupo, las Suites Presidenciales tienen de tres a seis habitaciones, sala de estar, comedor y terraza. Para quienes buscan más privacidad, Rosewood Mayakoba también ofrece villas de entre dos y seis habitaciones, diseñadas para que no tengas que salir para nada.

Tradición, calidad y hedonismo en cada mesa
En Food and Pleasure creemos que ninguna experiencia está completa sin una comida memorable. Y en Rosewood Mayakoba, no probamos una sola que no lo fuera. Los días empezaban con un desayuno mexicano en Casa del Lago: huevos motuleños, cazuela de machaca y chilaquiles de camarón. Para la comida, Punta Bonita ofrece vistas al mar y una cocina mediterránea inspirada en los sabores de las costas sur de España, Italia, Grecia y Francia, todo preparado con ingredientes mexicanos. A la hora de la cena, Agave Azul propone una cocina asiática con sabores de Japón, China y Tailandia, servidos con vistas hacia la laguna. Vale la pena continuar la noche en Zapote Bar. Inspirado en las haciendas y los sabores de Yucatán, tienen música en vivo y DJ diario desde las 7:30 p.m., y ocupa el 11° lugar en la lista de 50 Best Bars de Norteamérica.

Además de sus restaurantes, Rosewood Mayakoba propone algunas experiencias culinarias especiales para sus huéspedes. Una de ellas es La Ceiba Garden & Kitchen, un espacio debajo de un enorme árbol con una mesa comunal, donde los asistentes conviven y comparten platos al centro. El evento se lleva a cabo todos los miércoles y sábados, con una cocina que celebra los ingredientes locales, las tradiciones mayas y los sabores de México. Asimismo, de jueves a sábado puedes terminar la noche en La Isla Secreta, un speakeasy escondido en la laguna al que hay que llegar en bote. Inmerso entre los manglares, su atmósfera íntima y misteriosa es ideal para degustar los cocteles artesanales de su barra.

Sense, A Rosewood Spa: una isla completa de bienestar
El bienestar es uno de los pilares de la estancia en Rosewood Mayakoba. Y cómo no iba a serlo, si el spa ocupa una isla completa en el corazón de la laguna. Cuenta con 12 cabinas de tratamientos, circuito completo de hidroterapia —sauna, vapor, alberca fría y caliente—, áreas de relajación, un pabellón de yoga privado, temazcal, un jardín sensorial, un gimnasio y una alberca. Sin embargo, el verdadero tesoro son los tratamientos y rituales de bienestar inspirados en la sabiduría de los mayas y otras culturas ancestrales. Cada uno ofrece una experiencia distinta con diferentes enfoques. Algunas empiezan en el jardín sensorial, eligiendo las flores y hierbas que se utilizarán a lo largo de la sesión de masaje, mientras que otras suceden exclusivamente en las cabinas de tratamientos, con coberturas corporales y faciales y distintas técnicas de masaje.

Experiencias dentro y fuera del hotel
Finalmente, Rosewood Mayakoba busca que sus huéspedes vivan experiencias significativas que los conecten con el destino. Por ello, ofrecen actividades dentro y fuera del hotel para todos los gustos. Por ejemplo, puedes practicar distintos deportes acuáticos en la playa, como paddle board, kayak, velero y hasta una pequeña excursión para snorkelear y ver grandes bancos de peces multicolor nadando a tu alrededor. Otra opción que no requiere salir del complejo de Mayakoba es aprovechar las bicicletas del hotel —las cuales te reciben a tu llegada en la entrada de la habitación— y salir a recorrer los senderos entre los manglares y la selva, los cuales suman cerca de diez kilómetros en total. Si prefieres algo más tranquilo, puedes tomar una clase para aprender a tocar el handpan. Se trata de un instrumento de percusiones cuyo sonido relajante acompaña muchas terapias de bienestar.


Rosewood también ofrece la opción de coordinar excursiones fuera del hotel con guías y touroperadores certificados. Estas van desde visitas a las zonas arqueológicas y pueblos cercanos —Chichen Itzá, Tulúm, Ek Balam, Valladolid, Cobá—, hasta pasar el día en un cenote privado, con cocina casera, un ritual con una chamana y catas de vinos mexicanos. También hay experiencias acuáticas, como paseos en un yate de lujo, pesca en mar abierto o incluso nadar con delfines.

