Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Con esta oración inicia una de las novelas más importantes de la literatura mexicana del siglo XX, frase que recordamos quienes leímos esta obra en la escuela y que inmortalizó al escritor Juan Rulfo. Hoy en día, en el corazón del Pueblo Mágico de Comala, en Colima, reluce una estatua Rulfo con la que la gente se toma fotos. La confusión es casi natural, pero en realidad, Juan Rulfo nació en Sayula, Jalisco. Puedes visitar la Casa de la Cultura Juan Rulfo e incluso hacer un mini road trip para conocer las comunidades en los alrededores que también marcaron los primeros años de vida del escritor.


Sayula, Apulco y San Gabriel: la ruta de la infancia de Juan Rulfo
Juan Rulfo nació el 16 de mayo de 1917 en Jalisco. Aunque hay quienes argumentan que fue en el pueblo de Apulco —a poco más de una hora de Sayula; una comunidad rural donde se encuentra la ex-hacienda de Apulco, que pertenecía a la familia del escritor—, fue registrado oficialmente en Sayula. Fue ahí donde pasó los primeros años de su vida, antes de mudarse al pueblo de San Gabriel, a una hora de Sayula y a media de Apulco. Es posible hacer la ruta completa para conocer todos estos lugares que influenciaron la obra del autor, e incluso puedes terminar en Guadalajara, a donde se mudó a los diez años, tras la muerte de su madre. En el camino entre Apango y San Gabriel, no olvides detenerte en el mirador Vine a Comala, donde puedes admirar las vistas y tomarte fotos con los personajes de la novela Pedro Páramo.


Casas de colores e iglesias coloniales en Sayula
Aunque mucha gente elige quedarse en Comala, nosotras te recomendamos hacer base en Sayula, el pueblo donde nació Juan Rulfo. Ubicado en medio del bosque de la Sierra del Tigre, este lugar de calles empedradas, fachadas coloridas e iglesias coloniales es un viaje en el tiempo. Por supuesto, vale la pena visitar la Casa de la Cultura Juan Rulfo, donde se ofrecen talleres, exposiciones de arte y eventos culturales. Ahí mismo se encuentran el Museo Arqueológico y el Museo de Metalistería.


También te recomendamos pasear por la Plaza Principal y descubrir sus edificios históricos mientras te comes una paleta de mango. No te olvides de visitar la Parroquia de la Inmaculada Conepción. De souvenir, llévate frascos de cajeta artesanal —la diferencia con la cajeta de otras localidades es que aquí utilizan leche de vaca para elaborar este postre—. Otro recuerdo precioso son los cuchillos y navajas de Cuchillos Ojeda, una artesanía proveniente de un taller familiar de herrería que lleva produciendo estos cuchillos desde hace más de 40 años.


