Por mucho tiempo, Jalpa de Cánovas fue un lugar desconocido, hasta que la Secretaría de Turismo le puso el ojo y decidió que su historia debía conocerse. Tanto así, que en 2012 lo nombró Pueblo Mágico. Y es que este pueblo, ubicado en el municipio de Purísima del Rincón, en Guanajuato, a 40 minutos de León, es sumamente especial. Su historia comienza incluso antes de que se fundaran algunas de las grandes ciudades de México.

Es un lugar detenido en el tiempo, con calles que fácilmente podrían ser el set de una película antigua, aquí no hay tránsito, ni policías, ni ruido. Lo visitamos y entendimos por qué incluso Porfirio Díaz lo consideraba un refugio personal. Hay una vibra especial en Jalpa que te despiertan las ganas de quedarte. Y creemos que todo mexicano viajero y curioso debería conocer este pueblo.

Jalpa de Cánovas, una de las haciendas más grandes de México y refugio favorito de Porfirio Díaz
Jalpa de Cánovas no empezó siendo un pueblo, sino una hacienda fundada en 1542, apenas unos años después de la llegada de Hernán Cortés. Con el tiempo, se convirtió en la cuarta más grande del país con cerca de 70 mil hectáreas que se extendían desde Irapuato hasta Guadalajara. Gracias a su ubicación y a la fertilidad de sus tierras, fue uno de los principales productores de alimentos, ganándose el nombre de‘El Granero de México’. A mediados del siglo XIX, la propiedad pasó a manos de Manuel Cánovas, quien la llevó a su máximo esplendor agrícola y ganadero con su propia presa, molinos de trigo con tecnología avanzada y extensos cultivos.

Tras su muerte, la hacienda quedó en manos de su pequeña hija, Guadalupe Cánovas, quien fue conocida como ‘la niña más rica de México’. Al crecer,se casó con el irlandés Oscar Braniff, miembro de una de las familias más influyentes del país durante el porfiriato. El mismo Porfirio Díaz fue su padrino de bodas y, como regalo, les otorgó 30 años de luz eléctrica gratuita, convirtiendo a la hacienda en una de las primeras en contar con este servicio.

Durante esos años, Jalpa también se transformó estéticamente con la intervención del arquitecto inglés Luis Long, y se volvió punto de reunión de la alta sociedad. El propio Díaz amaba hospedarse aquí y, para evitar miradas incómodas, pidió que el lugar se mantuviera fuera del mapa durante muchos años. Pero como muchas grandes haciendas, Jalpa se vio afectada en la Revolución Mexicana, sus tierras se repartieron y dieron paso a los ejidos. Aun así, su historia sigue presente y es parte esencial de lo que hoy hace tan especial a este lugar.

La Ex Hacienda de Jalpa que hoy es un museo y hotel
La última heredera de la Hacienda de Jalpa de Cánovas fue Aurora de Cánovas, nieta de Guadalupe Cánovas y Oscar Braniff, quien vendió la propiedad al gobierno mexicano. Gracias a eso, hoy Jalpa es un pueblo que podemos recorrer. Lo que queda es el casco de la hacienda, ubicado en el centro del pueblo, con más de 300 años de antigüedad. Durante un tiempo fue propiedad privada de los descendientes, pero hoy funciona como el Museo Casa Cánovas.

El lugar está abierto al público y ofrece visitas guiadas donde se conservan muebles originales de la estancia, el comedor y las habitaciones; también hay una cocina con estufa y refrigerador de los años 20, y hasta un tocador francés que Porfirio Díaz regaló a la familia. Todo mantiene ese aire señorial de sus dueños originales. Además, el sitio opera como el Hotel Ex Hacienda de Jalpa de Cánovas y sus habitaciones conservan mobiliario antiguo y, sobre todo, baños que llaman la atención por decoración del siglo XVIII. Hospedarse aquí es, literalmente, dormir en una habitación del pasado.


Qué ver en Jalpa de Cánovas: sus rincones más bonitos
Pero la ex hacienda es solo uno de los tesoros de Jalpa. Justo afuera está la Plaza de Armas, un espacio con una tranquilidad que, nos atrevemos a decir, pocas veces se encuentra en otros pueblos. Como es tradición, hay un jardín arbolado con bancas y, al centro, un kiosco de estilo porfiriano que se colocó cuando el lugar fue nombrado Pueblo Mágico. En la misma plaza se encuentra el antiguo Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, que data de 1690, y en su exterior destacan tres cruces que recuerdan a mártires de la Guerra Cristera.

A unos pasos estála Calle Emblema, la más turística del pueblo, con casas rústicas que en su momento fueron viviendas de los trabajadores de la hacienda; incluso, se dice que una de ellas fue la primera escuela de Guanajuato. Si sigues caminando, encontrarás la Casa Luis Long, hoy convertida en hotel boutique, y muy cerca el Templo del Señor de la Misericordia, una de las iglesias más peculiares del país.

Construida en 1907 con un estilo neogótico alemán, destaca por su torre de más de 40 metros y su reloj —uno de los primeros en emitir música— sigue sonando cada tres horas. Otro punto imperdible es el Molino Viejo, con sus antiguos graneros de arcos de piedra y techos elevados que datan del siglo XVIII. Y si quieres conocer a fondo la historia del lugar,vale la pena tomar un recorrido guiado con el historiador Jesús Murillo Flores, mejor conocido como el profe Chuy, originario del pueblo y autor de dos libros sobre su historia.

Pasea en Kayak por las presas de Jalpa
Todavía falta hablar de otro de los grandes encantos de Jalpa: sus presas, que en su momento abastecían de agua a los molinos de trigo de la hacienda. La Presa Vieja —Santa Efigenia— es la más antigua, mientras que la Presa Nueva se construyó después para ampliar la capacidad de riego en la época de mayor auge. Ambas están hechas con enormes bloques de piedra y cal, y hoy son de los lugares más fotogénicos del pueblo.

Están rodeadas de vegetación, con sauces, ahuehuetes y nogales que enmarcan el espejo de agua. Hoy, estas presas son el plan perfecto para caminar, andar en bici o hacer un picnic. En la Presa Vieja, además,está el Hotel La Galera, que ofrece recorridos en kayak por $300 pesos: un paseo tranquilo para admirar los valles que rodean el pueblo y disfrutar del atardecer. Sin duda, una parada que no puede faltar en tu paso por Jalpa.


Qué comer en Jalpa de Cánovas: platos que no encontrarás en otro lugar
Por último, no podemos dejar de hablar de la comida en Jalpa, que es otro de sus grandes tesoros. Este pueblo es famoso por su nuez y sus membrillos. Para desayunar, está el Restaurante Cuquita, donde la cocinera tradicional que le da nombre al lugar inventó el mole de nuez: un platillo especiado con alrededor de 14 ingredientes. Otro imperdible es el Platillo Azteca, con cecina seca acompañada de totopos y queso refrito.

Para comer, te recomendamos Las Golondrinas de Jalpa, el restaurante más exclusivo del pueblo, con platos tradicionales como el caldo de zorra y mariscos frescos, en mesas al aire libre junto a un pequeño río. Y para cenar, La Pérgola, en la plaza principal y antigua casa del mayordomo de la hacienda, ofrece su plato estrella: el chile hojaldrado al membrillo, un chile poblano relleno de pollo, manzana y queso, bañado con una cremosa salsa de membrillo, una delicia que no encontrarás en ningún otro lugar del mundo.

Además, no puedes irte sin probar los dulces típicos: nueces de todo tipo, garapiñados o con chocolate, rompopes de sabores, ate de membrillo, obleas con cajeta, rollos de guayaba o queso de tuna. Como ves, en Jalpa hay mucho por disfrutar y más de un día no será suficiente; entre su historia, su naturaleza y su gastronomía, este Pueblo Mágico deja ganas de quedarse y de volver pronto.
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