Hay lugares que solo se encuentran si te los recomiendan o si sabes exactamente a dónde vas, no porque sean exclusivos, sino porque simplemente no se muestran. No hay fachada evidente, ni filas, ni ruido. Así es Reko, un restaurante asiático al que solo llegas si sabes de su existencia, o si eres suficientemente observador para encontrar alguno de sus letreros minimalistas en una de las calles más transitadas de la CDMX.

Una vez que entras, la ciudad se queda afuera.
Reko está dentro de Torre Prisma, en la lateral de Paseo de la Reforma, en la colonia Cuauhtémoc. Desde afuera es fácil pasar de largo, pues no hay un acceso evidente y el edificio parece más corporativo que gastronómico. Para llegar, hay que atravesar el interior, caminar hasta el fondo, subir unas escaleras —o tomar el elevador— y después recorrer un pasillo que poco a poco te aleja del ruido hasta que aparece el local buscado.

Un espacio que se siente completamente distinto a lo que pasa afuera
Más tranquilo, más contenido, casi como si no estuviera en Reforma, ideal para bajarle al ritmo de la ciudad en una zona que suele ser caótica, Reko funciona como una pausa, pues tiene una pequeña terraza que se abre en días soleados, perfecta para sentarte sin prisa, comer bien y simplemente desconectarte un rato. De esos lugares a los que vas justo cuando quieres desengentarte sin salir de la ciudad.

La experiencia empieza con algo sencillo, pero bien ejecutado.
Nos dieron la bienvenida con una sopa miso que destacó desde el primer momento: el aroma se sentía profundo, concentrado, con ese sabor limpio que habla de buena calidad. Junto a ella, una sopa de hongos variados que mantenía esa misma línea: cálida, aromática y muy bien balanceada. Después llegaron unos edamames spicy y un tiradito de robalo con notas cítricas muy frescas. El pescado se sentía recién trabajado, de esos que no necesitan demasiados ingredientes para destacar. Para acompañar, te recomendamos pedir uno de los cócteles insignia de la casa, preparados cuidadosamente para crear armonía con los alimentos.

El bao que no te puedes saltar
Uno de los favoritos llegó en forma de bao relleno de pollo frito, con una textura crujiente que contrastaba con el pan suave y esponjoso. Llegó recién salido de la freidora, todavía caliente, y es de esos platos que vale la pena pedir sí o sí. También probamos uno de sus rollos —vale la pena explorar opciones como el spicy tuna roll o el shrimp tempura roll— que mantienen ese balance entre técnica y frescura.

Pescado fresco y nigiris que hablan por sí solos
La degustación de nigiris confirmó algo importante: aquí el producto es protagonista. Hay pocos lugares donde el pescado se siente tan fresco que prácticamente no necesita acompañamientos. El sabor es limpio, directo, con ese umami que se percibe sin esfuerzo. Para cerrar, un pastel de chocolate que funciona perfecto como final.

Pero Reko no solo se trata de comida
El espacio rinde homenaje a la música de forma muy clara: bocinas visibles, vinilos decorando la barra en donde portadas de clásicos de Luis Miguel, Michael Jackson y Juan Gabriel son los protagonistas, y una pieza de arte en madera por toda la pared del restaurante que simula ondas de sonido recorriendo el lugar.

Una mezcla entre estudio de grabación, bar y restaurante con terraza.
El nombre “Reko” viene del japonés レコード (rekōdo), que significa grabación, y tiene sentido: no solo por la música que acompaña todo el espacio, sino porque la idea es que la experiencia —los sabores, el ambiente, el momento— se quede contigo como algo que se graba en la memoria.

Reko no es un lugar al que llegas por casualidad, es de esos que descubres, guardas y recomiendas después porque no solo se trata de comer bien, sino de encontrar un espacio donde, por un rato, la ciudad deja de sentirse como siempre.
Dirección: Av. P. Reforma 390. CDMX (dentro de Torre Prisma Reforma).
¡Coman, disfruten y compartan!
