Si eres de los que siempre pide una cuba, un mojito o un daiquirí con Bacardí, quizá sea momento de que pruebes el ‘ron’ mexicano. En Michoacán se elabora la charanda, un destilado de caña de azúcar con denominación de origen, producción artesanal y una historia que comenzó mucho antes de que las marcas internacionales conquistaran el mercado. Durante años fue vista despectivamente como ‘el aguardiente de los pobres’, pero gracias al creciente interés por los destilados de calidad, hoy se ha convertido en una bebida premium de culto que incluso se exporta a Japón y distintos países de Europa. Lo mejor es que, si sustituyes un ron comercial de perfil neutro por una buena charanda, tu cóctel no solo cambiará: ganará mucha más complejidad, aroma y sabor.


¿Qué es la charanda y por qué solo se produce en Michoacán?
Pero antes de servirte una copa, vale la pena entender qué es exactamente la charanda. Se trata de un destilado de caña de azúcar, similar al ron, que cuenta con Denominación de Origen desde 2003. Esto significa que solo puede llevar ese nombre si se produce en alguno de los 16 municipios de Michoacán autorizados para elaborarla. La ciudad de Uruapan es su epicentro histórico y comercial. Su nombre proviene del purépecha cháranda, que significa ‘tierra colorada’, en referencia al cerro de la Charanda, cuyas tierras rojizas y arcillosas, sumadas a una altitud de más de 1,500 metros sobre el nivel del mar y a un clima templado, crean las condiciones ideales para cultivar una caña con mayor concentración de azúcares.


Así se elabora la charanda, paso a paso
A diferencia de muchos rones comerciales que recurren a procesos completamente industriales, la charanda auténtica conserva un fuerte arraigo artesanal. Se elabora a partir del jugo fresco de la caña de azúcar —conocido como guarapo—, la melaza, que es el concentrado del jugo y una mezcla de ambos. El proceso comienza con la molienda de la caña para extraer el jugo; después viene la fermentación, que tradicionalmente se realiza durante varios días en tinas de madera o cobre. Finalmente, el líquido fermentado se destila, por lo general dos veces, en alambiques de cobre para obtener un destilado más limpio y con mayor riqueza de aromas y sabores. Y dependiendo de su tiempo de maduración, existen distintas variedades. La charanda blanca o joven que no pasa por barrica; la reposada que permanece entre dos y doce meses en barricas de roble; y la añeja que madura durante más de un año. Cada una con un perfil distinto, pero todas con un carácter artesanal que distingue al destilado michoacano.


¿Cómo tomar charanda?
La charanda tiene un perfil de sabor muy particular: es dulce, pero con un fuerte carácter mineral y terroso. Las charandas blancas de alta calidad y las añejas se disfrutan mejor solas, servidas en un vaso tequilero o una copita mezcalera para apreciar sus aromas y sabores a pequeños sorbos. Pero donde también brilla es en la coctelería. Si sustituyes el ron blanco por una charanda en un mojito o un daiquirí, notarás una explosión de sabor tropical mucho más intenso. También combina de maravilla con jugos de frutas cítricas y, en Cuba, el refresco de cola y el toque de limón adquieren una dimensión completamente distinta. En lugar de aportar solo dulzor, las notas minerales de la charanda equilibran el azúcar del refresco y dan como resultado un cóctel mucho más complejo.


¿Dónde probar una buena charanda?
Ahora que si quieres vivir la experiencia directo del origen, lo mejor es que visites Uruapan. Ahí podrás recorrer campos de caña, conocer los alambiques de cobre donde se destila y visitar algunas de las fábricas más emblemáticas de esta bebida. Una de ellas es la destilería de Charanda Uruapan, donde es posible conocer de cerca el proceso de elaboración. Además, en el centro de la ciudad encontrarás tiendas especializadas que ofrecen degustaciones y ediciones especiales o reservas de la casa que difícilmente llegan a otras partes del país. Si prefieres llevarte una botella, una excelente opción es Casa Tarasco, una de las marcas más conocidas de la charanda que apuesta por procesos artesanales y perfiles de sabor complejos y bien equilibrados. Así que la próxima vez con antojo de ron, dale una oportunidad a la charanda, puede que te guste más que el Bacardí.


